El mar común
Julia Navarro
19/01/2005
La verdad es que en líneas generales el viaje de los Reyes a Marruecos arroja resultados positivos. Marruecos es un vecino con el que debemos intentar entendernos, pero eso sí, desde el respeto mutuo y sabiendo que en muchas ocasiones tenemos intereses contrapuestos. Hacer declaraciones grandilocuentes no conduce a ninguna parte, solo el trabajo cotidiano y conjuntos de los responsables políticos de ambos países harán que se cimiente una relación, sin duda compleja y no exenta de tensiones, pero también clara y franca y con muchos elementos de interés mutuo. En estos momentos tenemos algunos problemas con Marruecos, por ejemplo el de la inmigración clandestina que nos llega desde sus costas. Lo ha dicho don Juan Carlos, el Mediterráneo debe de ser un mar que nos una y no una fosa común donde se malogren tantos cientos de vidas. Desde Marruecos se asegura que están haciendo los máximos esfuerzos por frenar las mafias que se dedican al tráfico de seres humanos, pero lo cierto es que hasta ahora su eficacia ha sido más bien poca.
Otro escollo en nuestras relaciones con Marruecos es el Sahara. La posición del gobierno Zapatero es distinta a la que tradicionalmente ha mantenido España. Zapatero tiene claro que el Sahara no será un escollo en sus relaciones con Marruecos, de manera que su posición es más afín a la marroquí de lo que las propias autoridades de Marruecos hubieran podido soñar. Desde el Gobierno se repite que el problema del Sahara estaba enquistado y que ahora se trata de desbloquear la situación intentado el acuerdo entre las partes. La música no suena mal, pero detrás está la decisión firme del presidente de tener una relación prioritaria con Marruecos y que esta relación no se vea empañada por la disputa del desierto entre saharauis y marroquíes. El temor que muchos tienen, entre ellos los saharauis, es que el pragmático Zapatero al final les deje librados a su suerte. Lo cierto es que el Gobierno de Marruecos está encantado con la nueva posición del Gobierno español respecto al Sahara, lo que evidencia que creen que España favorece su pretensión pro anexionista del Sahara.
Pero más allá de los problemas, o de la nueva política exterior española, lo cierto es que españoles y marroquíes tenemos que aprender a vivir juntos, a intentar ser buenos vecinos, porque solo los ciudadanos de a pie podemos hacer realidad los deseos expresados en los discursos oficiales. La visita de los Reyes es un buen punto de partida para reforzar la cooperación entre los dos países, y esa cooperación pasa, además, por fomentar las inversiones españolas y europeas en Marruecos, por acabar de una vez por todas con el hecho que las costas marroquíes sean el lugar desde el que salen a la deriva miles de pateras con jóvenes, mujeres, niños, ancianos... hombres, que buscando una vida mejor, terminan perdiendo la vida en el mar. Solo si Marruecos quiere de verdad se acabará con la inmigración ilegal.
OTR/PRESS