Periodismo basura
Francesc de P. Burguera
19/01/2005
En algunos medios de comunicación se está llevando a cabo un periodismo reprobable e indigno, dirigido a despertar entre los oyentes o lectores los sentimientos más antidemocráticos y reprobables. Apelando a las vísceras y no a la razón, se están propiciando actitudes de extrema derecha. Tergiversando la realidad, manipulando la información, ofreciéndosela al ciudadano debida y previamente aliñada y sazonada por el responsable que informa, que transmite la noticia. La democracia es, ciertamente, un régimen de opinión pública. Pero cuando algunos convierten su opinión en dogma, quienes traten de oponerse a la misma serán condenados fulminantemente. Y eso está pasando, aquí y ahora. Ya lo dijo Voltaire, en su momento: "On nomme l'opinion reine du monde: elle est si bien que, quand la raison veut la combatre, la raison est condamnée à mort". Cuando se quiere crear, configurar, una opinión pública a base de manipular la información, cualquier intento de introducir la razón en el debate, la razón es rechazada y condenada.
En Valencia se está dando un caso paradigmático. Un medio de comunicación, afortunadamente sin mucha difusión, está llevando a cabo una campaña a favor de una opción política liderada por un émulo de Le Pen. O de Blas Piñar. Su mensaje es sencillo y dirigido a las vísceras de la ciudadanía más desinformada. Se trata de agrupar a la gente con este mensaje: Cataluña quiere robarles a los valencianos la lengua, sus clásicos e, incluso, hasta su gastronomía más típica, como la paella. Todo con el fin de anexionarse la Comunidad Valenciana. Los valencianos tienen que unirse para luchar contra ese atropello. Y el punto de unión no es otro que la opción política que lidera el Le Pen valenciano.
El periódico a que me refiero contribuye eficazmente a propalar el mensaje consistente en enemistar a los valencianos con los catalanes, que quieren absorberlos. Hasta tal punto, que se atreve a publicar anónimos que rozan el delito. El ex presidente Pujol estuvo en Valencia, el pasado lunes, para pronunciar una conferencia. ¡Un catalán como Pujol en Valencia! ¡Horror! Un grupo de valencianos, alertados por el diario a que me vengo refiriendo y pertenecientes a la opción política 'lepenista', se concentraron a la puerta del hotel donde Pujol iba a dar su conferencia para increparle. Y a las cuarenta y ocho horas, el diario de marras publicaba una llamada telefónica, en la página en que recoge las opiniones de sus lectores, y en la que se decía lo siguiente: "¿Cómo se atreve a venir Jordi Pujol a Valencia a dar una conferencia hablando del valenciano y otras cosas más, cuando él fue el inductor del asesinato del profesor Manuel Broseta? ¿Esto cómo se come? ¿Con lentejas? ¿Qué pasa, que los valencianos no tenemos memoria? Han pasado 25 años y nadie se atreve a decir que fue Jordi Pujol el que ordenó a ETA que lo matara porque no era catalanista como él, ya que era valenciano y defendía el valenciano".
Esto dice un comunicante anónimo que el 'Diario de Valencia' -que es el medio de comunicación al que me refiero- no tiene inconveniente en publicar. La acusación es grave. Y alguna responsabilidad delictiva debería tener el director del mismo, Jesús S. Carrascosa, por dar este anónimo a la publicidad. A esto conduce el periodismo basura. A conseguir que el ciudadano actúe de esta forma visceral e irracional. Irracional, porque se da la circunstancia de que Pujol vino a Valencia invitado, precisamente, por el "Club de Encuentro Manuel Broseta".
Pero se da la circunstancia que el tal Carrascosa es intimo amigo de Zaplana, a quien le debe muchos favores. Y el periódico que dirige tiene emprendida una campaña contra el sucesor de Zaplana al frente del Gobierno valenciano, Francisco Camps, con el que Zaplana está enfrentado. Y se ha dedicado a promocionar el partido de extrema derecha, llamado Coalición Valenciana, con el fin de que en las próximas elecciones pueda conseguir, robándole votos al PP, que Camps pierda la mayoría. Para mayor honra y gloria de Zaplana. Periodismo basura. Pero, también, política basura. Esto se da en Valencia. Pero también en Madrid. Observen con atención y caerán en la cuenta.
OTR/PRESS