Los Reyes en Marruecos
Antonio Casado
17/01/2005
Hacía mucha falta esta visita de los Reyes después de una etapa en la que las relaciones hispano-marroquíes estuvieron marcadas por la desconfianza. Hubo momentos realmente delicados, en los que corrió un serio peligro la tradicional política de buena vecindad entre ambos países. El incidente del islote Perejil quedará, seguramente, como un indeseable símbolo de esa etapa, durante los años del Gobierno Aznar. El rey de Marruecos, Mohamed VI, declaraba en vísperas de esta visita que su país se sintió "abofeteado" en aquella ocasión. El Gobierno del PP vendió el incidente como una reparación del orgullo nacional herido. Recordemos la grandilocuencia del entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, relatando la llegada de tropas españolas al islote como si fuera una epopeya que cantarían los siglos venideros.
Lo cierto es que se exageró. El alcance del episodio no se correspondía con su innecesaria amplificación, además de que las fuerzas de rozamiento eran ostensiblemente desiguales. Sin embargo, aquel lance menor envenenó las relaciones entre dos país vecinos que, por muchas razones, están obligados a llevarse bien.
Asuntos de tanto calado como el de los flujos migratorios, el tráfico de drogas, la pesca, los intereses de numerosas empresas españolas, el intercambio de información en materia de lucha antiterrorista, la creciente demanda turística de la marca marroquí, por no citar la sensible agenda bilateral en temas territoriales (Ceuta y Melilla) o la descolonización del Sahara, no pueden estar sometidos a incidentes tan burdos y tan mal gestionados como el del islote Perejil, por un mal entendido orgullo nacional.
Hay otras formas de exigir y practicar el respeto mutuo que se deben dos países soberanos que viven puerta con puerta y, por tanto, no pueden permitirse miradas a cara de perro al cruzarse en la escalera. Hay mucha expectación por el discurso que el Rey, don Juan Carlos, pronunciará mañana, martes, en el Parlamento marroquí. Es de suponer que será un canto a la política de buena vecindad, sin descartar algún guiño del monarca que, sin sonar a disculpas, exprese la voluntad de España de olvidar una etapa de infausto recuerdo. De momento, en España está teniendo un gran impacto mediático la espectacular bienvenida que los marroquíes dieron ayer, lunes, a los Reyes de España.
OTR/PRESS