La liturgia de la democracia
Julia Navarro
15/01/2005
La democracia tiene su propia liturgia y Zapatero es un virtuoso de la misma. Lo está demostrando para desesperación de sus adversarios. El encuentro del presidente Zapatero con el Lendakari Ibarretxe forma parte de la liturgia democrática. Los responsables políticos tienen que hablar aunque no se entiendan, es más, les entra en el sueldo hacerlo. De manera que desde ese punto de vista es irreprochable que Zapatero recibiera a Ibarretxe, aunque sólo sea para que ambos se dijeran a la cara lo que piensan y a lo que están dispuestos. También ha formado parte de esa liturgia el desembarco de Juan Mº Atutxa en el Congreso de los Diputados para entregar personalmente el proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía del País Vasco. El caso es que Ibarretxe está colocando al País Vasco en un callejon sin salida, y ese es su gran fracaso. Estremece ver al Lendakari tan obcecado con su plan que es incapaz de analizar la realidad que le rodea. Claro que esa realidad tampoco antes le había preocupado especialmente. El Lendakari quiere la independencia del País Vasco y le importa poco que la mitad de los vascos no la quieran. Porque Ibarretxe habla en nombre de los nacionalistas, como si los que no lo son no fueran vascos. De manera que se le escapa decir que no está por la labor de aceptar lo que digan socialistas y populares, como si entre los socialistas y populares no hubiera vascos, o estos vascos fueran de tercera.
Ibarretxe ha propuesto una reforma de Estatuto que pasa por abrir la puerta a la independencia. En definitiva, parte de que Euskadi y España son dos entes separados que deben negociar de igual a igual, y esa negociación hoy pasa porque Euskadi acepte ser país asociado, y en el futuro ya se verá. No es que Ibarretxe no sueñe con la independencia aquí y ahora, es que sabe que chocaría con la Unión Europea y eso significaría acabar de un plumazo con el innegable desarrollo y bienestar del País Vasco. De manera que Ibarretxe por ahora se conforma con lo de ser país asociado, pero eso sí, con la posibilidad de dejar de serlo cuando le venga en gana. El Plan Ibarretxe es un plan secesionista que no tiene en cuenta a todos los vascos, sólo a los que piensan como él. En realidad Ibarretxe no es el presidente de todos los vascos, sólo de los suyos, y de ahí que no sea extraño que quiera construir un país sólo con los suyos.
Zapatero le ha dicho "no", o al menos eso es lo que nos han contado, porque la reunión duró unas cuantas horas y en ese tiempo digo yo que hablarían algo de más que del "sí" y el "no". Sorprende, eso sí, el interés de Ibarretxe por el proceso de reforma del Estatuto catalán, que, al día de hoy, no parece ir por los mismos derroteros que el vasco, claro que si escuchamos a Carod Rovira nos podemos poner en lo peor, porque Carod asegura que lo que pide Ibarretxe es "pecata minuta" en relación con el plan de Esquerra. O sea que pongámonos en lo peor, salvo que las palabras de Carod sean pura bravuconeria. Pero a lo que vamos, el presidente cumple rigurosamente con la liturgia de la democracia, mientras los ciudadanos nos preguntamos por el siguiente paso de Ibarretxe y la respuesta de Zapatero. Mientras siga la liturgia la cosa irá bien. Esperemos que Ibarretxe no decida salirse del guión, aunque con los políticos iluminados nunca se sabe. O mejor dicho, sí se sabe que suelen ser una fuente de sufrimiento para sus propios pueblos.
OTR/PRESS