Ibarretxe en Madrid
Antonio Casado
12/01/2005
El lehendakari hace bolos en Madrid. La cita está fijada para las cuatro y media de esta tarde en Moncloa. Llega con fuerza redoblada tras el empujoncito del brazo político de Eta a su famoso plan en el Parlamento de Vitoria, pero también ha visto crecer el muro de la legalidad y el de la voluntad política compartida por las dos grandes fuerzas políticas a escala nacional, el PSOE y el PP. De manera que lo tiene difícil. Su idea era, sigue siendo aún, la de negociar con el Gobierno una libre, progresiva y, a ser posible, amistosa segregación del País Vasco del entramado constitucional español. O sea, viene a negociar la colaboración de las instituciones para que no se resistan a su voladura en determinado territorio del Estado. Así es. Hay una propuesta del Gobierno vasco que no es de reforma sino de sustitución del Estatuto de Autonomía por otro de nueva planta que pretende subvertir la Constitución con el fin de convertir al País Vasco en un Estado de libre asociación y soberanía compartida. Y eso es imposible jurídica y politicamente.
Desde el punto de vista político, es imposible que el proyecto salve el filtro de las Cortes Generales a la vista de la inequívoca posición de firme rechazo que, junto al Gobierno de la Nación, comparten el PSOE y el PP, amén de otras fuerzas políticas, hasta sumar el 90 por 100 de los votos del Congreso. Desde el punto de vista jurídico solo podemos expresar una convicción: el Tribunal Constitucional nunca daría luz verde a una ley que vulnera el preámbulo, el título preliminar y varios artículos de la Constitución Española. El Tribunal Constitucional no se pronunciará mientras el plan Ibarretxe siga siendo una propuesta en tramitación. Esa es su doctrina, emitida cuando decidió no admitir a trámite un escrito de doble impugnación contra el Gobierno Ibarretxe, uno, y contra la Mesa del Parlamento Vasco, otro, presentado en noviembre de 2003 por el Gobierno Aznar. Aquel auto del Tribunal Constitucional permitió la continuidad en la tramitación del texto, que superó el primer filtro institucional previsto en el ordenamiento para una iniciativa de este tipo: el del propio del Parlamento Vasco. Le quedan dos: las Cortes Generales y el propio Tribunal Constitucional. No lo tiene nada fácil. Más difícil todavía es superar el filtro democrático que refleja la voluntad popular de los españoles, único ámbito posible de decisión para determinar la suerte del llamado 'Plan Ibarretxe'.
OTR/PRESS