El reto de la banda ancha
Francisco Mora
14/12/2004
Al terminar el año pasado en España había doce millones de personas que navegaban por internet, pero sólo disponían de 3,36 millones de conexiones de alta velocidad, la infraestructura física esencial para que pueda hacerse realidad la sociedad de la información y del conocimiento. Las conexiones de alta velocidad, conocidas genéricamente como banda ancha, son las que convierten a internet en una realidad multimedia y permiten que su potencial revolucionario pueda ser explotado plenamente. Los usuarios de banda ancha (ADSL, cable, satélite e incluso el enchufe eléctrico, que permiten un mínimo de 512 kilobytes por segundo), consumen diez veces más internet que los de la línea telefónica básica y han entrado en un camino sin retorno, pues quién la prueba no vuelve a la banda estrecha (128 kilobytes por segundo). En Europa la mitad de los internautas tienen ya una conexión de alta velocidad en su casa, pero todavía son muchos los que siguen al margen de la nueva tecnología porque su alto coste medio, 41 euros al mes. En España la situación es peor, pues la tarifa dominante suma 45 euros, y poco más del 30% de los usuarios de internet tienen banda ancha en su casa pese a su crecimiento espectacular desde 2001.
En el año 2000 los primeros ministros de la Unión Europea, reunidos en Lisboa, se plantearon el objetivo de transformar Europa en la economía más competitiva y dinámica del mundo, basada en la sociedad de la información y el pleno empleo. Para ello, aprobaron el plan trienal eEurope 2002, al que le sucedió el eEurope 2005, con el deseo de que la gran mayoría de los europeos accedieran a Internet de alta velocidad y participaran de la sociedad de la información. Se está avanzando, pero no al ritmo necesario, por lo que puede que ese objetivo transformador nunca sea una realidad. Tampoco en España, donde al no asumir con más velocidad el cambio tecnológico tenemos una productividad un 20% inferior a la media de la Europa avanzada. Mientras que los precios de nuestra banda ancha no se acerquen a los de países como Francia (25 euros) o el Reino Unido (29 euros), la penetración social del internet avanzado continuará siendo insuficiente. El gobierno sigue teniendo un el reto pendiente: lograrlo.
OTR/PRESS