Que hablen los economistas
Luis del Val
10/12/2005
La documentación manejada para un par de ensayos me permitió observar un dato que me había pasado inadvertido, al no ser un experto en cuestiones económicas, y es que en el año 1955 España volvió a tener la misma renta per cápita que en 1936. Es decir, que cuando Alemania ya se estaba recuperando de los desastres de la II Guerra Mundial, y Francia e Italia iban por el mismo camino, gracias al Plan Marshall, nosotros estábamos en la España del arado romano y la carretera polvorienta. Los dos grandes empujones económicos fueron activados por la entrada de los tecnócratas del Opus Dei, durante la dictadura, y por los Pactos de la Monlcoa en la Democracia, es decir, cuando la racionalidad económica se impuso. Gracias a ello, nuestro país disfruta, en estos primeros años del siglo XXI, del mayor bienestar de su historia.
Tanto el plan de estabilización de la Dictadura, como el plan del profesor Fuentes Quintana en la Democracia, fueron posibles merced a la garantía de seguridad jurídica, factor indispensable para la aplicación eficaz de cualquier política económica. La apertura de un nuevo periodo constituyente abre una cierta sensación de inseguridad jurídica, por un lado, y, por otro, de la posibilidad de establecer hipótesis de tipo económico. Los especialistas con los que he cambiado impresiones coinciden, sin paliativos, en que una secesión del País Vasco o de Cataluña, o de ambos a la vez, tendría graves consecuencias económicas para todos, vivan en Sestao, en Córdoba o en Vilanova y la Geltrú. Uno de los profesores con los que he hablado no ha dudado en vaticinar un auténtico desastre que, en cinco o seis años nos llevaría a un manifiesto empobrecimiento. Está bien que hablen los políticos, los sociólogos, los cantautores, los ecologistas y hasta los veterinarios. Pero, por favor, que hablen los economistas.
OTR/PRESS