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Home  Opinión  Antonio Casado
 
La erupción vasca

Antonio Casado

10/01/2005

“Que hagan las propuestas que les de la gana, pero a nosotros que nos dejen en paz”, decía ayer un consejero del Gobierno navarro al anunciar un recurso contra el llamado Plan Ibarretxe, en el que sus redactores se han permitido incluir ciertas previsiones ante una eventual incorporación de Navarra a la Euskadi imaginada en dicho plan. La forma de hablar del consejero no es políticamente correcta, pero seguro que los navarros lo entienden y lo comparten, en esos términos y no en otros. Al oírlo, me ha venido a la cabeza otra formulación muy popular que viene al caso. Se lo escuché hace mucho tiempo a un colega. No sé si era cosa suya o se limitaba a repicarlo, pero es un hallazgo expresivo. A saber: “Si se celebrase un referéndum en toda España sobre la independencia del País Vasco, ganaría el sí con la única excepción del País Vasco”.

Es, evidentemente, una broma. Un chiste, si ustedes quieren. Pero, al menos en España, este tipo de chistes anclados en la sociología nacional enganchan inmediatamente con las formas de percepción colectiva de la realidad. El caso es que hay hartazgo. Sobre todo entre los españoles de a pie inscritos en una inmensa mayoría fatigada con un asunto que, cargado de malos presagios, alusiones guerracivilistas y perturbadores anuncios sobre cosas tan sensibles como la unidad de España, irrumpe continuamente en su vida diaria a través de las conversaciones o los medios de comunicación. Un caldo de cultivo agitado por la clase política, muy a menudo en función de intereses partidistas, a uno y otro lado del desafío nacionalista, mientras esa mayoría de ciudadanos sucumbe al aburrimiento de ver que políticos y periodistas se repiten y suenan como una noria mal engrasada.

Un amigo recién llegado de su tierra, Bilbao, donde ha pasado la última semana de vacaciones, la que coincidió con la última erupción del plan Ibarretxe, provocada por el respaldo obtenido en el Parlamento de Vitoria gracias a tres votos del brazo político de ETA, me cuenta que el asunto apenas si ha salido a relucir en sus conversaciones o en sus encuentros sociales de estos días con amigos o familiares. Es creíble la indiferencia que el plan Ibarretxe parece suscitar en las conversaciones cotidianas de los vascos, porque allí la libertad de expresarse está seriamente amenazada. También es creíble el hartazgo en el resto de España. Pero lo que ya sería el colmo es tener que asumir como un dato de la realidad lo que, según mi amigo, ha oído decir con frecuencia en Bilbao: “Eso sólo os preocupa en Madrid”. Tendría gracia que al final fuese cierto que del plan Ibarretxe sólo se habla fuera del País Vasco.

OTR/PRESS
 

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