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Home  Opinión  Rafael Torres
 
La patria de cada uno

Rafael Torres

07/01/2005

No deja de ser curioso que los autoproclamados adalides de la actual Constitución lo sean sólo, en realidad, de los aspectos o restrictivos de la libertad que esa Carta de convivencia circunstancial contiene. Según esos fundamentalistas, la mayoría demócratas de toda la vida, como nadie ignora, el Plan Ibarretxe es odioso, repugnante, cataclísmico y diabólico porque atenta contra algún artículo de la Constitución del 78, pero el hecho de que otros imperativos regulados en ella, cual los del derecho al trabajo y a la vivienda, a la educación y a la Justicia gratuítas, a la libertad de expresión o a la no discriminación por razón de sexo (las mujeres ganan por igual desempeño laboral un 28% menos que los hombres) sean ignorados o conculcados sistemáticamente, les trae sin cuidado.

Pero, además, es que una democracia, si lo es de veras, no puede transmitir un mensaje tan perverso como el que hoy, a cuenta del Plan Ibarretxe, emite el sistema: No se puede condenar la violencia amparándose en la promesa de que por vías pacíficas, democráticas y políticas se puede aspirar a todo, y, cuando por vías pacíficas, democráticas y políticas los nacionalistas vascos (que gobiernan según el supremo e indiscutible albur de las urnas) articulan políticamente su aspiración de autogobierno, cerrarles el paso con las barricadas de la intimidación, la criminalización y la amenaza. La libertad (incluida la de sentirse español u otra cosa) no es algo que pueda administrar, y mucho menos escamotear, nadie en una verdadera democracia, de modo que todo aquello que no provenga de las decisiones del Parlamento, donde ha de verse y discutirse el Plan del Lehendakari vasco, carece de virtualidad y de sentido, aunque no, lamentablemente, de mala leche a tenor de las burradas que venimos viendo y escuchando a cuenta del proyecto vasco.

Por lo demás, es imposible que alguien que ama a su patria, que la ama de veras y la desea feliz, no comprenda el amor de otro por la suya, sea la misma que la de uno, o no.

OTR/PRESS
 

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