La tercera vía
Zardaín
04/01/2005
Ante el profundo impacto que ha supuesto para la sociedad española la aprobación en el Parlamento vasco del 'Plan Ibarretxe' han surgido dos grandes reacciones:
La primera, preconizada por el PP, consiste en judicializar el asunto, sin esperar al debate en el Parlamento español, y rechazando de plano la propuesta del PNV, pero no se puede obviar que esta política ya ha sido empleada y los resultados están a la vista: el 'Plan Ibarrtxe' camino de las Cortes y una sentencia del Tribunal Constitucional favorable al Gobierno vasco. ¿Qué pasaría si, aunque las circunstancias actuales no son las mismas, el fallo fuera del mismo tenor?
La segunda postura, defendida por Zapatero, consiste, negando la viabilidad del proyecto, igual que el PP, en oponerse frontalmente al plan secesionista en el Parlamento nacional y manteniendo en reserva al TC para ulteriores acontecimientos. Todos los protocolos reflejados en las leyes serían observados.
En esencia, los dos caminos conducen a devolver al lehendakari su plan, negándole cualquier tipo de negociación y, por lo tanto, de implantación, con lo cual se dejaría a Euskadi en la misma situación que existe actualmente y que no es precisamente la mejor.
Lo que yo me pregunto es, teniendo en cuenta que Ibarretxe por activa y por pasiva no ha dejado de decir que su proyecto era una base de partida y sujeto a discusión, ¿por qué en las Cortes no se transforma el 'Plan Ibarrectxe', por medio de enmiendas, en algo constitucional y que signifique un paso adelante sobre el actual Estatuto de Gernika?
En el documento elaborado por el ejecutivo vasco supongo que no todo será anticonstitucional y que un buen número de estos puntos podrían ser asumidos como válidos, y que a estos será factible añadirles otros procedentes de la propuesta alternativa del PSE, dando lugar a un proyecto satisfactorio por la gran mayoría. Quizá este documento consensuado pudiera resolver el problema que ahora estamos sufriendo.
Para alcanzar la solución anterior sería necesario un gran pacto, englobando al mayor número de partidos posibles, además de los dos mayoritarios, con un espíritu de servicio a España semejante al que existió cuando se redactó la Constitución, olvidándose de posturas electoralistas. El deber del Gobierno sería liderar esta “tercera vía” y el del PP y otros actuar como “leal oposición”, pero con sentido de Estado.
No olvidemos que la política es el arte de lo posible.