La hora de la verdad
Esther Esteban
04/01/2005
Ha llegado la hora de la verdad. Esa hora que parecía lejana e imposible en la que el lehendakari, apoyándose en los esbirros de los terroristas ha sacado adelante su plan secesionista, consumando la ignominia que algunos temían. Ya no es momento de buenas palabras -que nunca sobran- sino de acciones certeras y contundentes. El presidente del Gobierno hace bien en recibir al lehendakari porque, en política, los gestos son importantes pero en este momento desde luego no son ni mucho menos suficientes. José Luis Rodríguez Zapatero debe tranquilizar a los ciudadanos haciendo cierta su afirmación de que "nadie en España está por encima de la ley" y desde luego Ibarretxe tampoco... habría que añadir a esa frase.
Es absurdo centrar el debate en si las primeras medidas deben ser políticas o jurídicas. Ambas hay que ponerlas inevitablemente en marcha, y poner todo el acento en si han de ser simultáneas o no, es confundir a los ciudadanos. Políticamente estamos ante el mayor desafío secesionista vivido por nuestro país en toda nuestra historia democrática, y jurídicamente el plan vulnera desde cualquier punto de vista la Constitución, y por lo tanto esa batalla hay que darla impugnando el Plan ante el Tribunal Constitucional.
Que a estas alturas los dos principales partidos se enzarcen en una cuestión que tiene una lectura electoral es cuando menos penoso. Si PP y PSOE juntos van a abortar el Plan en el Parlamento español la imagen de fortaleza que pueden dar ambos unidos se desmorona en las escaramuzas previas.
Zaparero y Rajoy tienen que tener en este asunto una grandeza de miras que les dibuje como hombres de Estado y no sólo como simples líderes de sus partidos y para ello es imprescindible que fijen una estrategia común porque lo que está en juego es mucho. El objetivo ahora no es desgastarse uno a otro políticamente sino impedir que el concepto de España como nación se desdibuje y la unidad de nuestro país se rompa. Ambos deben dejar clara su oposición frontal a las aspiraciones secesionistas del lehendakari y guardar sus discursos partidistas en el cajón para que quienes pretenden romper España dejen de frotarse las manos...
OTR/PRESS