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Home  Opinión  Consuelo Sánchez Vicente
 
Paz por tortas

Consuelo Sánchez Vicente

04/01/2005

Punto uno: si no sirve para garantizar la convivencia pacífica entre ciudadanos de distintas ideas, la política no sirve para nada. Pero, para que las distintas ideas puedan convivir, hay que cumplir las leyes. Que, en democracia, responden a la voluntad de la mayoría, no al capricho ni al gusto de cada cual. Y, punto dos: la tarea de los políticos es conseguir que el invento funcione. Hacer las leyes y velar por que todas y cada una de ellas se cumplan, empezando, naturalmente, por cumplirlas ellos mismos. Esto, no su cara bonita, es lo que explica que los ciudadanos deleguemos en ellos la gestión de nuestros asuntos, y les paguemos el sueldo.

Punto tres: la alternativa al imperio de la ley es exactamente la que señaló ayer el lehendakari Ibarretxe: las tortas. Es decir, la ley de la selva. Pero, punto cuatro: aunque a nuestro Estado de Derecho le sobran recursos para evitarlo que, en mi opinión, no debería dudar en utilizar si fuera el caso, ese, no otro, las tortas, es el futuro que el lehendakari le está ofreciendo a los vascos si no se acepta su plan. Sé que esta es una afirmación muy dura que entraña una acusación muy amarga, sólo un loco de atar podría pretender algo así: cambiar la paz... por las tortas. Pero, tras su mensaje de ayer, creo que nadie puede llamarse a engaño: políticamente hablando, Ibarretxe se ha vuelto loco.

La Constitución, como cualquier ley, se puede cambiar. Pero, para poder cambiarla, tienen que querer cambiarla la mayoría de los representantes legítimos de los ciudadanos. Y, mientras no se cambie, hay que cumplirla. ¿Tienen Ibarretxe y los suyos derecho a soñar con una patria vasca sólo para vascos nacionalistas? Aunque a mí me parece una pesadilla, por supuesto que sí. Pero, ¿cabe ese sueño en la legislación vigente a la que él mismo debe el cargo y el sueldo de lehendakari? No. ¿Tienen él y los suyos (entre ellos, ETA, que ya hay que tener estómago para aceptar semejante compañía) votos suficientes para cambiar la Constitución? No. Y, ¿qué es lo que está obligado a hacer cualquier demócrata en casos así? Aceptar las reglas del juego, el imperio de la ley. Ahora bien: tras lo que dijo ayer sobre las tortas como alternativa, ¿cabe seguir pensando que Ibarretxe es un demócrata? Me temo que no.

OTR/PRESS
 

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