Atasco cerebral
Carmen Tomás
28/12/2004
Ultimamente, en este país, nación de naciones o lo que sea o lo que vaya a ser, parece como si nos hubiéramos vuelto tontos o ineptos, así, de repente. Lo digo, esta vez, al hilo del monumental fiasco del regreso por carretera del fin de semana de Navidad. Lo de tontos lo digo por los ciudadanos, que es lo que quieren hacernos creer, y lo de ineptos por la Administración, que es lo que creo firmemente. Ahora resulta que es el ciudadano, no 'de a pie', sino 'de a coche', el culpable de utilizar su vehículo para viajar, irresponsablemente, ante la extraña circunstancia de que nieve en el mes de diciembre y en los puertos de montaña. No basta ya con pagar impuestos que financian la construcción de carreteras y pagan los sueldos de quienes tienen que gestionar su mantenimiento y buen funcionamiento, sino que además debemos tener la previsión de no hacer uso de ellas cuando caen dos copos de nieve. La palabra 'indignación' es la más suave que se me ocurre. Podría añadirla el alcalde de Madrid a su exótica iluminación navideña junto al polémico 'estupro'.
Las preguntas que te asaltan durante 11 horas y media de viaje infernal para recorrer 400 kilómetros son tan variadas como obvias. ¿Dónde están los 8.000 agentes? ¿Dónde están las máquinas quitanieves? ¿Dónde están los avisos de lo que vamos a encontrarnos en la carretera? ¿Dónde está el dinero de mis impuestos? ¿Dónde está el cerebro de los administradores?
Pensaba yo también en medio de aquel caos: menos mal que casi todos llevábamos cadenas, que sí, que las llevábamos. Quien no las llevara seguramente sería por la deficiente o nula información, pero es que además no le dejaban pasar. Menos mal que los coches responden y ya no se quedan tirados en las cunetas. Y más reflexiones: en los accesos al túnel de Guadarrama, donde me tiré más de 3 horas para recorrer 15 kilómetros, nevaba, pero poco. Si nieva un poco más y todos los que estamos allí tenemos que parar a poner cadenas, en medio de la noche, el frío, la ventisca… no quiero ni imaginarme lo que podría haber sido. Eso sí, los peajes nos lo cobraron al principio. Por si acaso estábamos muy cabreados al llegar al final y se nos ocurría pasar de largo, que es lo que te pedía el cuerpo. Y los agentes: 'missing', claro. Y, ¿quién es el culpable de toda esta imprevisión? La ciudadanía, por supuesto. Y ya empieza una a hartarse de que la llamen imbécil cada vez que simplemente intenta hacer uso de sus derechos. Van a tener razón los que dicen que esta Administración no tiene ni talante ni talento.
OTR/PRESS