Debate de papel
José Cavero
28/12/2004
Como en tantas otras ocasiones, en ausencia de parlamento, y de una ocasión específica, el debate sobre la reformas constitucionales pendientes y anunciadas por el jefe del Gobierno en su discurso de investidura, se produce en mítines de ocasión y se reproducen en la prensa. Son, por consiguiente, "debates de papel", o en el parlamento de papel, como también se les denomina. Pues, bien, en esa tribuna, el presidente del PP viene advirtiendo repetidamente al jefe del Gobierno y a los restantes interesados en la materia que, por su parte, no habrá la menor disposición a abrir cauce siquiera al debate sobre una eventual denominación de España que modifique la actual de "nación". Ni nación de naciones, ni Comunidades nacionales catalanas, vasca o gallega serán términos o fórmulas que dén por buen ni Rajoy ni sus colaboradores en la dirección del PP, según viene advirtiendo el líder popular. Cabe preguntar si la advertencia la hace únicamente a Zapatero, a Maragall, a los socialistas vascos, o si también hay en esas advertencias otros destinatarios, como el propio dirigente popular catalán Josep Piqué, o acaso el presidente de la comunidad valenciana, y hasta a Esperanza Aguirre u otros dirigentes regionales que pudieran tener la tentación de dar por buenas algunas fórmulas que dieran por buenas y por válidas las fuerzas nacionalistas. Ya se ha tenido oportunidad de comprobar que no siempre Rajoy ha merecido el aplauso y la aceptación plena y cerrada de los suyos: recuérdese lo que sucedió cuando la Conferencia de presidentes autonómicos, y el mismísimo Manuel Fraga prefirió alinearse con el Gobierno, su convocatoria y su orden del día, dejando de lado los deseos de Rajoy y sus lugartenientes. ¿Está ahora convencido de que Piqué preferirá destacar lo que le separa y no lo que le asemeja a las restantes fuerzas políticas catalanas, a la hora de determinar su actitud definitiva ante la reforma que se pretende realizar en el Estatuto catalán? De momento, está claro que Rajoy está trasladando a Zapatero un mensaje: los socialistas no podrán hacer en soledad las reformas sustanciales que se van a acometer en el año que llega. Les falta consensuarlas previamente con los populares, y sin ese mutuo acuerdo previo será inimaginable que se produzca el suficiente avance. De ahí también el reiterado deseo de Rajoy de conseguir que Zapatero acceda a relatarle hasta dónde piensa ceder, a qué punto está dispuesto que lleguen las reformas en marcha.
Zapatero parece tomárselo con mucha más paciencia y tranquilidad. Primero, que decidan los respectivos parlamentos de cada región o autonomía. Y luego será el Congreso de los diputados el que determine, de acuerdo con el marzo de la Constitución... Y si es preciso, considerando la eventualidad de proceder a retocar ese marco para que los nuevos estatutos tengan perfecta y cómoda cabida...
OTR/PRESS