Suaves eufemismos
Luis del Val
15/11/2004
Miguel Ángel Fernández Ordóñez es persona de clara inteligencia y natural bondadoso, pero a la hora de explicar que va a rebajar los incentivos fiscales de los planes de pensiones, ha dicho que se “suavizarán las ventajas fiscales”. Del gremio de los economistas ya nos llegó el término “crecimiento negativo” para referirse a las pérdidas, pero este eufemismo es nuevo y puede causar furor. Ya me imagino al patrón, o al jefe de personal, si la empresa es grande, aludiendo a la próxima rebaja de los sueldos de los trabajadores indicándoles que se va a llevar a cabo una “suavización en las retribuciones”. La que no se suaviza es la inflación, que cada vez crece más, o sea, que vamos “empeorando positivamente”.
Los planes de pensiones son un excelente negocio para bancos y empresas de seguros, pero no es tan malo para el suscriptor, y previene alivios de un futuro incierto basado en las pensiones públicas.
Afirmar que con esta medida se contribuye a la libertad de elección del ahorrador ya no es un eufemismo, sino un sofimas, porque el ahorro que no vaya a los fondos de pensiones privados sólo puede tener tres destinos: la Bolsa, que lleva seis años sin dar una alegría; las letras del Tesoro, que apenas sirven para mantener el poder adquisitivo de lo invertido, y el ladrillo, que va a conocer una nueva etapa de prosperidad. Si no querías burbuja financiera, tómate dos tazas, porque el personal es posible que asimile con lentitud los eufemismos, pero no es completamente gilipollas, y creerá que si hasta ahora tanta gente ha hecho dinero especulando con ladrillos, por qué no lo van a poder hacer ellos. Si explota la burbuja tendremos, pues, a unos tipos con unos ahorros invertidos en pisos que deprecian su valor -perdón, se les suaviza- y, además, sin un plan de pensiones privado que les permita completar la miseria que les va a dar la Seguridad Social. O sea, que se habrá suavizado su poder adquisitivo, a la vez que es probable que suavicemos sus expectativas de vida, porque estas tristezas acortan la existencia. A lo mejor, eso alarga la ruina de la Caja de Pensiones, es decir, suaviza su fecha de caducidad.
OTR/PRESS