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La religión de los 'neocon': ¿judíos? ¿protestantes?
¿Tienen los ‘neocons’ una adscripción religiosa clara? Mientras unas teorías sitúan el origen del pensamiento neoconservador en el fundamentalismo cristiano cuya apoteosis se da en el movimiento de los telepredicadores durante los años sesenta y setenta como respuesta a la contracultura libertaria, otras teorías lo sitúan en el giro radical que, por los mismo motivos y en la misma época, se da en los judíos norteamericanos. Al margen de los orígenes, lo más sensato parece pensar que, superadas las discrepancias, actualmente existe una alianza estratégica neoconservadora que aglutina lo más radical del pensamiento judío y cristiano. ¿Frente a quién? Para muchos neoconservadores, caído el comunismo, el enemigo, el mal, está atravesado por el Islam.
“El Dios del Islam no es nuestro Dios, y el Islam es una religión muy dañina y perversa”, dijo en octubre de 2001 el reverendo
Franklim Graham. Resultó curioso saber que el padre de dicho reverendo, el también reverendo Billy Graham, que además era consejero personal de los Presidentes de Estados Unidos (lo fue especialmente de Richard Nixon) acostumbraba a referirse de forma muy similar a los judíos en la década de los 70.
Otros casos de religiosos que han transformado su antisemitismo en islamofobia serían el del pastor
Pat Robertson, que tras alertar durante años del peligro de unos judíos que querían “coexistir hasta que puedan controlar, dominar y luego, si es necesario, destruir” a los EEUU, recibía, en 2002, el premio de los
Amigos de Israel concedido por la Organización sionista de América.
¿Dónde está el punto de unión entre cristianos y judíos radicales?El proceso arranca con el ascenso de la derecha cristiana durante los años setenta, lógica respuesta a los movimientos sociales emancipadores de los años sesenta. En ese contexto era más lo que unía a judíos y cristianos que lo que los diferenciaba: rechazo por la contracultura, patriotismo norteamericano frente al comunismo y vuelta a los valores tradicionales. En 1978
Falwell viaja a Israel, invitado por el ministro
Menean Begin, produciéndose tal sintonía que en 1980 a Falwell se le condecoró con la medalla
Vladimir Jabotinsky (nombre del fundador del sionismo “revisionista”).
Paralelamente, judíos como
Irving Kristol (posterior consejero del Partido Republicano) o
Norman Podhoretz (que ha dirigido revistas como Commentary) rompían con la tradición liberal y de defensa de los derechos civiles e impulsaban un pensamiento basado en la hegemonía norteamericana, el anticomunismo, los valores tradicionales y la crítica al Estado providencia, acercándose así a los posicionamientos de la derecha cristiana.
La llegada de Ronald ReaganLa alianza estratégica entre derecha cristiana y judía se culmina políticamente con la elección de Ronald Reagan. Intelectuales como
Allan Bloom, judío, y divulgador de teorías sobre el elitismo político y la hegemonía militar estadounidense frente a imperios del mal, hacen las veces de consejeros e inspiradores (los filósofos) de la corte de los caballeros de la guerra. Los cristianos aceptan de buena gana las tesis del Likud y apoyan incondicionalmente las acciones del Estado de Israel (no olvidemos las masacres de palestinos en Sabra y Shatila en 1982 llevadas a cabo por el entonces militar Ariel Sharon con el apoyo y el consentimiento de la Administración Reagan).
La Guerra del Golfo y la Era ClintonEsta unión táctica y este sentimiento islamofóbico se refuerzan a principios de los noventa por tres causas fundamentales: la primera es la caída del comunismo y, por tanto, la necesidad de encontrar otro enemigo global frente al que ejercer la confrontación patriótica de afirmación nacionalista norteamericana, imprescindible desde el punto de vista del consumo interior de política; la segunda causa sería la Guerra del Golfo, que simbolizó un tímido ejemplo de reacción panarabista y desafiante al control norteamericano de la zona, máxime cuando la retirada de los aliados se produjo sin haber derrocado a Sadam Husein, lo que provocó una gran frustración en los sectores neoconservadores y el sentimiento de haberse ido sin resolver un problema que a la larga perjudicaría a Israel; y por último, la alianza neoconservadora se consolida aún más cuando se quedan a la sombra de la victoria Demócrata, con un
Bill Clinton más preocupado por ofrecer una política de alianzas multilaterales y salpicado moralmente por el caso del Impeachment lewinskyano.
Judíos y cristianos tras el 11-S.Tras la dudosa victoria de
Bush por un puñado de votos, los ‘neocon’ aguardan su momento con los deberes bien hechos. Los terroristas del 11 de septiembre les ofrecen una oportunidad única, y éstos no la desaprovechan para instituir el discurso que más les gusta: el del choque profético de civilizaciones. El Islam es ahora el nuevo enemigo de los neoconservadores (según ellos, el nuevo enemigo de América y de la Libertad), y se adoptan sin fisuras las tesis más radicales del Gobierno israelí: que
Yasser Arafat es
“el Ben Laden de Israel”, y que hay ejes del mal, estados fallidos y estados criminales que apoyan a los terroristas islamistas y que harán todo lo posible por destruir los Estados Unidos.
Gran parte de los ‘neocon’ cristianos (si bien no todos, puesto que el grupo es amplio y existen matices dentro de él) han asumido sin problemas estas posturas proisraelíes. Importantes miembros de la derecha cristiana como
Gary Bauer,
Paul Weyrich o
Ralph Reed se han sumado a esta cruzada del Likud.
Ariel Sharon ha querido que
Ralph Reed, antiguo presidente de la
Coalición Cristiana, sea uno de los encargados de predicar la palabra de Dios en Israel, y asociaciones como Christian for Israel/USA han financiado la inmigración de 65.000 judíos a Israel para ayudar, según su presidente, el reverendo
James Hutchens,
“la llamada de Dios que consiste en ayudar al pueblo judío a volver a reinstaurar el Estado de Israel”.La likudización de la política norteamericana parece bastante extendida. Al menos, ellos creen haber ganado la batalla de las ideas. En un país donde, según una encuesta de la CNN, el 59% de los norteamericanos piensan que el Apocalipsis se va a producir y el 25% cree que el 11-S estaba descrito en la Biblia, la cruzada mesiánica para salvar al mundo de las fuerzas del mal, en este caso fundamentalmente islámicas, parece tener una amplia aceptación.
Antonio Asencio/diarioDirecto