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Bases ideológicas: de Leo Strauss a Allan Bloom“El mundo no tiene alternativa: es nuestro liderazgo o el caos”. B. Kristol (director de la revista Weekly Standard).
¿Quién es Leo Strauss?
Strauss es un filósofo minoritario, poco conocido, pero de gran importancia en la Teoría Política del siglo XX. Judío alemán, llegó a EE.UU. huyendo de los nazis, pero curiosamente comparte con ellos a sus maestros ideológicos:
Platón,
Maimónides,
Nietzsche,
Carl Schmitt y, de una manera más cercana (fue su discípulo) a
Heidegger.
De Heidegger, Strauss adopta la aversión a la modernidad racionalista europea, cuyo espíritu cosmopolita y universalista considera decadente. De Schmitt, Strauss extrae la concepción de la política como el enfrentamiento entre
“amigos” y
“enemigos”. En definitiva, la teoría política de Strauss se basa en el concepto de
“Derecho Natural”, es decir, que el derecho emana de las fuerzas de la naturaleza, del más fuerte.
Estas son las bases ideológicas del inspirador del neoconservadurismo republicano, pero más sorprendente es su manera de proceder en sociedad, la forma que tenía Strauss de interpretar la labor del filósofo. Para éste,
el filósofo es alguien que habla en clave, que selecciona a los destinatarios de sus pensamientos, eludiendo siempre a la masa. Es como si decidiese que unos pocos, los elegidos, son los únicos que deben conocer sus pensamientos: sus secretos. Según afirma
Shadia B. Drury en
“Leo Strauss and The American Right" (“Leo Strauss y el Derecho Americano”),
para Strauss la verdad es peligrosa y destructiva para la sociedad. Recordemos que la sociedad que conoce la verdad, la sociedad ilustrada, es la base del Estado Moderno kantiano. Para Strauss, sólo su grupo de iniciados tiene la capacidad de conocerla y afrontarla. Y de esta manera, harán sus discípulos con los suyos, y así sucesivamente se van formando redes, logias straussianas de pensamiento casi secreto, dosificado.
Strauss era un elitista que participaba de la erudición y de las teorías existencialistas tanto como de la paranoia psicótica tan común entre los judíos perseguidos por la Alemania Nazi. Gran parte de su concepción secretiva y casi mística de su filosofía parte de este sentimiento de injuria, de pertenecer a un grupo escogido (el
“pueblo elegido” de
Moisés). Con el lenguaje en clave, es sortea tal persecución.
Aquí surge la gran contradicción de Strauss y del pensamiento neoconservador, en la contraposición de Dios, con su concepción igualitarista y moral, a la idea de un pensamiento exclusivo, existencialista, y fuente de su propio derecho. ¿Cómo se conjugan la teorías del Derecho Natural, las teorías aristocráticas y casi nietzscheanas con su religiosidad? Este es uno de los puntos más controvertidos y radicales de Strauss. El filósofo reteologiza lo político, y lo funde con lo moral y lo social. Para Strauss
la moral y la religión es un fraude que un sabio, un
“escogido” capaz de entender la verdad oculta del mundo, puede utilizar para movilizar a las masas, para justificar sus teorías o acciones.
Las redes straussianas existieron (y existen) y tuvieron como origen las clases de Strauss en la Universidad de Chicago. Aquí es donde aparece uno de los eslabones más importantes de esta cadena, un personaje ambiguo y esucurridizo, ampliamente desconocido en Europa pero que ejerció gran influencia sobre el Ejecutivo de
Ronald Reagan y que fue colaborador de muchos de los que ahora están en el Pentágono:
Allan Bloom.
¿Quién es Allan Bloom?Allam Bloom fue el mejor discípulo de Leo Strauss. Al menos, ha sido el más potente difusor e impulsor (y por qué no, radicalizador) de las ideas de su maestro. El engarce entre las ideas de Strauss y la realidad política actual de Estados Unidos se realiza, en parte, gracias a su hábil mediación, una intermediación filtrada por la excéntrica y expansiva personalidad de Bloom. Escribió un best-seller que fue uno de los pilares de difusión de la ideología conservadora en la Era Reagan:
“The closing of American Mind” (El fin del espíritu americano). Se trata de un compendio de exhortaciones moralistas y recomendaciones para la nueva América: patriotismo, temor a Dios… Pero Bloom, como buen straussiano, hablaba en clave.
Filósofos y caballeros¿Qué se escondía bajo esas exhortaciones casi propias de un telepredicador? Bloom tenía una amplia cultura y un gusto delicuescente por la prosa rica y llena de atractivos recursos. Esto le hacía más fácil hallar escondrijos verbales para sus minas de pensamiento. Sobre la superficie parecían no existir; cuando, seducido por su pluma saltarina, el lector
"escogido" se sitúa inconscientemente sobre ella, explota de forma irreversible.
El escritor
Tony Papert, en su artículo
“El reino secreto de Leo Strauss”, publicado el 5 de abril en la revista del activista y varias veces candidato demócrata para optar a la Presidencia de los EEUU,
Lyndon Larouche, afirma que leyendo
“The closing of American Mind” recuerda un detalle significativo, una de esas claves secretas a las que los straussianos han sido tan proclives:
“Bloom escribió que en el juicio a Sócrates estaban presentes hombres que querían que se le exonerara; ellos eran los ‘caballeros’. Pero, ¿qué quería decir con ese término de ‘caballero’?”
Básicamente, los caballeros son los delegados de los filósofos en la vida real, los encargados de poner en práctica los pensamientos, las teorías. Sócrates no debía ser condenado porque
“la virtud moral era inaplicable al hombre verdaderamente inteligente, el filósofo. La virtud moral solo existía en la opinión popular, donde su propósito es controlar a la mayoría no inteligente”, nos aclara Papert. La moral es la virtud del débil.
Lo esotérico y lo exotéricoAquí es donde, de alguna manera, estamos en el terreno de lo que Bloom denominó las enseñanzas esotéricas, los misterios sólo claros para los miembros del grupo, la ideología verdadera del pensamiento straussiano: puro Nietzsche, haciendo equivaler el concepto de
“super hombre” al de
“filósofo”… Como nos resume Papert:
“El filósofo–superhombre, es aquel raro hombre que puede hacerle frente a la verdad: que no hay Dios (…). Que no hay moralidad, que el bien y el mal no existen”.
Y define así la idea que tienen los straussianos sobre la figura del filósofo:
“Son los filósofos–superhombres los que le proporcionan a la manada las creencias religiosas, morales, etc., que necesitan, pero que los propios superhombres saben que son mentiras. Nietzsche dijo que sus superhombres han de ser "sacerdotes ateos", y Strauss pretende que sus mentiras son "mentiras nobles". (…) Los "filósofos" se valen de estas falsedades para forjar la sociedad al amaño de los "filósofos" mismos.”
Entonces, ¿quiénes son los caballeros?
Los
"filósofos" necesitan de gente que les sirva, incluidos los
"caballeros". En vez de enseñanzas esotéricas o
"secretas" (coto privado de los filósofos)
, los futuros
"caballeros" son aleccionados en las enseñanzas
"exotéricas" o públicas. En conjunto, los
“caballeros” son la parte ejecutiva que no poseen los
“filósofos”, los encargados de aplicar esas enseñanzas: los políticos. El planteamiento de Strauss, que Bloom nos filtra, es el de un
“reino secreto” de los filósofos, con delegados en el poder político.
Antonio Asencio/diarioDirecto