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Home  Opinión   Fermín Bocos
 
Campos de inmigrantes

Fermín Bocos

01/10/2004

A propuesta de Alemania, la Unión Europea aprueba la construcción de campos para inmigrantes en países que como Libia o Marruecos forman el limes de nuestro mundo comunitario. Está por ver si para frenar la avalancha de personas que desde Ucrania, Bielorrusia o Rumanía acuden a la 'mitteleuropa' habrá, también, instalaciones de éste tipo en algún país intermedio (sólo podría ser en Polonia o en Hungría) habida cuenta de que son las condiciones de precariedad que padecen en esos países el gran motor que mueve la inmigración sin papeles.

El asunto es complejo y por eso tiene sentido la prudencia (cercana a la renuencia) del ministro español del Interior. José Antonio Alonso es juez de profesión y para un magistrado que ha dedicado media vida a defender el imperio del Derecho son muchas las dudas que suscita una iniciativa de esta naturaleza. Nadie pone en duda que todo Estado tiene derecho a controlar sus fronteras y, por así decirlo, a reservarse el derecho de admisión de foráneos. Otra cosa es el problema moral que plantea la inmigración. Cuando hablamos de ilegales estamos aduciendo una figura jurídica pero lo hacemos hablando de seres humanos. Aunque entre los miles de inmigrantes que tratan acercarse al Primer Mundo hay un cierto número de personas de mal vivir, no es menos cierto que el grueso de quienes dejan su pueblo para buscar un vida más digna en otro país cuya lengua y costumbres muchas veces desconocen, es gente honrada. Nadie deja su tierra si puede vivir en ella y ve porvenir para sus hijos.

Así las cosas, meter en campos como si fueran refugiados a los que vienen es una cuestión que habría que estudiar muy bien. Porque, una vez que estén allí, ¿Qué se hace con ellos? ¿Con qué criterio se les retendrá o dejará pasar? ¿Quiénes serán devueltos a sus países y quienes no? ¿Quién vigilará esos campos? En el caso, por ejemplo de Marruecos (país del que con destino a España y a Francia proceden miles de inmigrantes sin papeles), ¿Serán las autoridades marroquíes quienes decidan si les dejan o no pasar el Estrecho? Son demasiadas incógnitas. Rabat y Trípoli están muy lejos de Berlín, quizá por eso Alemania ve el problema como un asunto lejano. Quien lo tiene cerca es más prudente. Creo que este es un asunto que está todavía en agraz y sobre el que Bruselas debería reflexionar antes de añadir otro problema a los muchos que ya se derivan del fenómeno de la inmigración.

OTR/PRESS
 


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