Estos días he tenido la oportunidad de compartir con nuestros atletas la emoción que supone asistir a unos juegos paralímpicos. Ha sido una de las experiencias más apasionantes que he tenido desde que me ocupo de las responsabilidades del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Me emocioné con ellos en la ceremonia de apertura y, unas horas después, pude compartir momentos ilusionantes con algunos de los deportistas que han representado a España. Conocía a algunos por su trayectoria vital y tuve la oportunidad de charlar con muchos de ellos. De todos tenía las mejores referencias a través de los diversos organismos públicos y organizaciones que han colaborado para conseguir su participación en estos juegos. Fueron momentos muy gratos que me han aportado experiencias de mucha utilidad tanto personalmente como para el desarrollo de mi trabajo en política.
Estoy seguro que el barón Pierre de Coubertain hubiera estado muy satisfecho con esta extensión de los Juegos Olímpicos porque los deportistas discapacitados representan mejor que nadie el espíritu de esfuerzo, superación, constancia, tenacidad y disciplina que debe tener todo deportista. Así lo he vivido con ellos y con sus familias. A todos, en especial a los que comparten por vínculos de sangre, afectivos o profesionales su vida con nuestros deportistas, quiero agradecerles muy especialmente su disposición a inundarles de cariño y dedicación.
Séneca decía que "el querer no se puede aprender". Nuestros atletas son el paradigma de aquellos que han nacido queriendo. Sus marcas no pueden compararse con las de los deportistas convencionales porque no son equiparables en ganas, arrojo y coraje. Si todo ello pudiera medirse muchas 'estrellas deportivas' quedarían eclipsadas.
Convivir estos días con nuestros paralímpicos ha sido un baño de energía positiva, de estímulo para el trabajo, de optimismo para remover obstáculos. Y también de solidaridad, de cooperación, de diálogo, de apoyo y aliento de unos a otros para que las cosas salgan bien.
"Citius, Altius, Fortius", el lema que animaba a los olímpicos clásicos esta representado hoy mejor que nunca en las Paralimpiadas, porque detrás de cada olímpico discapacitado no sólo hay años de duro entrenamiento, hay toda una historia de superación personal de su discapacidad y el mejor ejemplo de que se pueden superar los propios límites. Detrás del brillo de las medallas conseguidas por nuestros paralímpicos hay mucho más: el valor ejemplarizante de su vida.
Por todo ello, creo que no sólo hay que hablar del espíritu olímpico; también hay que referirse al 'paralímpico' como un paso más avanzado para llegar a la esencia de los Juegos Olímpicos clásicos en la época moderna. Animo a todos los ciudadanos a prestar más atención a las personas con discapacidad. En especial invito a los medios de comunicación a fijarse más en ellos. Ahora tenemos todos una oportunidad de conocer más profundamente a los que han participado en las Paralimpiadas. Pero no olvidemos a todos aquellos que, día a día, nos dan un ejemplo por su coraje y dignidad del mejor espíritu olímpico que practican cada minuto de su vida.