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Home  Opinión  Ernesto Carratalá
 
Iluso Solbes

Ernesto Carratalá

30/09/2004

De ilusión también se vive. Y si no fuese porque es un gobierno legalmente constituido, de una potencia industrial de primer orden, que no está en el G-7 porque somos unos desaprensivos incapaces de hacer aflorar la riqueza sumergida, podríamos decir que Rodríguez Zapatero y sus ministros son un grupo de infantes imaginativos mas tiernos que el Día de la Madre.

Que Caldera, Calvo, Salgado y compañía mantengan una actitud al límite de la más insultante de las ingenuidades pase. Pero que Solbes, con un equipo de expertos cualificados y una experiencia no sólo a nivel ministerial sino incluso en el Colegio de Comisarios de la Unión Europea, se haya contagiado de sus compañeros y pretenda hacernos comulgar con ruedas de molino, es un insulto a la inteligencia de los españoles.

El Vicepresidente Económico nos hace creer que, el año que viene, la economía de este país va a crecer, en términos reales, un 3%, lo que permitirá crear 332.000 empleos que generarán suficientes ingresos para el Estado para que éstos crezcan, gracias al buen comportamiento de los impuestos, un 6%. Aparentemente los objetivos son creíbles si no fuese porque en esto de la economía, cualquier circunstancia coyuntural puede inclinar la balanza a favor o en contra.

Estos presupuestos se basan en varios factores, dos de los cuales, en estos momentos, generan incertidumbre. El precio del barril de petróleo se mantendrá estable. Lo peor, - esas son las cuentas que hacen en la madrileña plaza de Cuzco -, ha pasado. Al menos así pensaban los gurús de las finanzas de este país cuando confeccionaban las cuentas, entre junio pasado y este mes de septiembre. Pero, mira por dónde, el precio del petróleo vuelve a dispararse. Ahora dicen que como consecuencia de la inestabilidad política que vive un país productor, Nigeria. Ya no saben qué decirnos. Lo cierto es que en las gasolineras el litro de carburante está experimentando un crecimiento que no se recordaba desde hace varios años. Y, ya se sabe, si el carburante sube, también lo hace la electricidad, el transporte y, por consiguiente, todos los productos y servicios básicos. En tales circunstancias nadie puede garantizar el control de la inflación. Y si esta se dispara, a los chicos de Frankfurt no les temblará la mano a la hora de subir el precio oficial del dinero con las nefastas consecuencias que ello conlleva en los recibos de las hipotecas y préstamos bancarios. Mal asunto.

Pero el equipo de Solbes no se inmuta ante una situación semejante. Según ellos, la recuperación se va a notar el año que viene, y los tipos se mantendrán en los niveles actuales. Todo un ejercicio de ingenuidad para los tiempos que corren. Pedro Solbes no es tonto. Sabe lo que ha hecho. Por eso ha llegado a manifestar que no se identifica “al cien por cien con estos presupuestos”. Han podido más las presiones de los sectores socialistas más proclives al gasto que las recomendaciones de su equipo en el sentido de ser más prudentes. Eso, y la consecuencia de ser un gobierno minoritario que necesita apoyos para sacar adelante estas cuentas para lo cual ha tenido que negociar con IU y ERC quienes ponen más énfasis en el incremento del gasto social que en el estímulo de la economía productiva.

De todas maneras, no pasa nada. A Solchaga, en la época felipista, jamás le salieron las cuentas. Incumplió todos y cada uno de los objetivos que había establecido, hasta el punto de acabar por renunciar a la consecución de los mismos. A Solbes, cuyo rigor le caracteriza, no le gusta nada esta idea. Cree posible alcanzar el objetivo de crecimiento de la riqueza nacional que ha anunciado. Pero si las cosas le fallan, sólo le quedará una salida: la dimisión.
Sería bueno que algún responsable económico acabase por reconocer sus equivocaciones si se llega a ello, y se marchase. A veces es malo ser tan optimista. Eso queda para Rodríguez Zapatero, Caldera, Calvo, Espinosa, y etcétera. Pero no para un equipo caracterizado por su rigor y profesionalidad en esto que llaman las cosas del dinero.

 


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