|
|
 |
Home Opinión Antonio Casado |
| |
 |
Aznarismo en horas bajas
Antonio Casado
01/10/2004
Todavía es pronto para adelantar conclusiones sobre el congreso nacional del PP, que se celebra este fin de semana en Madrid. Pero algunas primeras señales recogidas en la primera jornada, la de ayer, hacen pensar que el aznarismo entra en horas bajas. No es don Mariano Rajoy, presidente 'in pectore' de un Partido Popular asentado en diez millones de votos, personaje propenso a las aventuras o los bruscos golpes de timón. Sin embargo, el sabe que su inevitable mirada al futuro es incompatible con cualquier apariencia de continuismo aznarista, por vaga que sea.
De modo que ha de presentarse ante su partido como el líder emancipado de quien ya forma parte del pasado. Un pasado reciente llamado a diluirse en la legitimación que Mariano Rajoy espera haber obtenido cuando el domingo a mediodía clausure este XV Congreso del PP. Lo hará, por cierto, con un discurso de futuro y en clave de recuperación del centro reformista abandonado por Aznar durante el último tramo de su paso por el Gobierno. Lo que no puede ser es que el respaldo del congreso a sus nuevos dirigentes se visualice menos que una identificación del PP de Rajoy con el de Aznar. Ese riesgo lo corre Rajoy si no calcula bien las dosis de conformidad con ciertas políticas que funcionaron en el pasado (antiterrorismo, economía, modelo de Estado, etc), frente al imprescindible alejamiento de otras políticas –y, sobre todo, ciertos modos de gobernar- que tanto perjudicaron la causa del PP en las pasadas elecciones generales.
No digo yo que habrá muerte súbita del aznarismo en un soleado fin de semana madrileño, pero creo que ese estilo, esa forma de entender la política de José María Aznar, y de sus más incondicionales seguidores, que van siendo cada vez menos, entra en fase de extinción o queda reducida a ciertos núcleos de resistencia alojados en una cadena de radio. Y si así no fuera, si resultase que al PP le cundiera menos el respaldo del congreso al nuevo presidente, Mariano Rajoy, que seguir cosido a una estatua de sal, la del ex presidente del Gobierno, pues quedaría garantizado el descarrilamiento de este partido al menos para cuatro años más de los correspondientes a la presente Legislatura.
No parece. Lo previsible es una suave y progresiva pérdida de lastre aznarista a favor de políticas conectadas con los intereses reales de los ciudadanos, un campo en el que los socialistas se están llevando el gato al agua.
OTR/PRESS
|
| |
 |
|
|
|