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Home  Opinión  Ramón Pi
 
Equiparaciones

Ramón Pi

30/09/2004

La pretensión del Gobierno de equiparar las uniones sentimentales entre personas del mismo sexo al matrimonio, en realidad lo que hará (si este propósito acaba cumpliéndose) será equiparar los matrimonios a las uniones sentimentales entre personas del mismo sexo, que parece lo mismo, pero no lo es. El lobby homosexual aspira a tener la respetabilidad de los matrimonios, pero con esta equiparación sólo conseguirá que la institución matrimonial tenga la misma respetabilidad de las uniones homosexuales.

Estoy hablando de la respetabilidad legal, no de la social, que ésta va por su propio camino, y la gente sabe muy bien lo que merece respetabilidad y lo que no. La gente sabe que la ley dirá lo que quiera, pero que la vida es como es, las personas están hechas como están hechas, y que los mamíferos sexuados tienen formas naturales y formas patológicas de comportarse. Así de claro, así de fácil. Esto no quiere decir que los comportamientos biológicamente anómalos conviertan a quienes los desarrollan en tipos despreciables, porque éste sería un juicio moral, y para hacer juicios morales hay que ir caso por caso y ver si lo que se hace se hace libremente y con conocimiento de lo que se hace.

En estos asuntos hay mucho dolor, y no es cosa de hacer gracietas fáciles. La ola de exhibición del llamado 'orgullo gay' responde en el fondo al deseo de que la sociedad, y no sólo la ley, acepte que los comportamientos homosexuales son moralmente aceptables. Pero si son comportamientos conscientes y libres, su aceptación sólo revelaría una anomalía moral grave de toda una sociedad. A este respecto, me permito recomendar vivamente la lectura del libro 'Comprender y sanar la homosexualidad', de Richard Cohen (ed. Libroslibres, 2004). Porque es un mito que la tendencia homosexual sea inamovible. Pero este Gobierno desnortado, ignorante y bobo prefiere seguir la corriente e igualar por abajo, que es lo fácil. Esperemos que la factura de este error craso no resulte demasiado cara.

OTR/PRESS
 


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