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Qué se espera de Rajoy
José Cavero
30/09/2004
De entrada, y como característica mayor, el que inicia este viernes el PP, va a ser el congreso en el que Rajoy obtiene legal y democráticamente el liderazgo que Aznar le cedió 'digitalmente', y que descartó otras posibles candidaturas, como las de Jaime Mayor Oreja y Rodrigo Rato, también planteadas por el propio Aznar, o distintas a su voluntad, como las de Ruiz-Gallardón, Eduardo Zaplana y los nombres que usted quiera añadir. Rajoy llegó a esa condición por la exclusiva voluntad de quien, a su vez, será recompensado en el transcurso del congreso con una Presidencia de honor. Es decir, que de antemano hay trueques de favores que debe interrumpir o convalidar el voto de los tres mil delegados.
A partir de esa voluntad popular, que instaura un Congreso, Rajoy quedará en condiciones de determinar qué equipo quiere constituir para dirigir el partido. De antemano, se sospechó que seguiría adelante con el equipo heredado de Aznar, aunque en sus más recientes declaraciones ha sugerido la eventualidad de proceder a numerosos cambios. Es una de las grandes incógnitas del Congreso, sin duda: hasta qué punto Rajoy acepta y asume como propios a los compañeros que también le cedió Aznar.
De entrada, muchos analistas, y muchos militantes del partido, tienen severas dudas sobre la continuidad tanto de Rajoy como de varios de los colaboradores heredados. Entiende este sector crítico que más valdría hacer borrón y cuenta nueva: Aznar, Rajoy, Acebes, Zaplana, Michavila, Elorriaga, Aragonés y algunos más son, sencillamente, los perdedores de las elecciones de marzo y convendría dar oportunidad a nombres con ideas nuevas, diferentes.
El propio Rajoy parece que admite en buena parte esa teoría, aunque haya anunciado su intención de elevar a secretario general a quien era ministro del Interior en el momento de los atentados del 11-M. A muchos, esta pertinacia les parece impresentable, y les recuerda el ascenso que se produjo en el final del franquismo, cuando Arias Navarro, hasta entonces ministro de la Gobernación y responsable máximo de la seguridad del Estado, fue designado para suceder a Carrero Blanco, asesinado por ETA. Como cuando el magnicidio, el titular de Interior de los crímenes del 11-M no supo y no pudo hacer frente a un problema de vital importancia: garantizar la vida de los ciudadanos que tenía a su cargo. Y sus restantes compañeros, Zaplana o Michavila en particular, compartieron aquella tragedia desde lugares de máxima responsabilidad. Pero es dudoso que Rajoy satisfaga estos planteamientos que se hacen muchos militantes.
La segunda gran novedad del Congreso ya ha sido anunciada: el partido conservador, de herencia cristiana, acepta las uniones legales de los homosexuales y lesbianas, eso sí, sin atribuirles autorización para adoptar niños. Da un paso que a muchos deja perplejos, pero no remata la jugada que, en cambio, llevará a cabo el Gobierno socialista hoy viernes en el correspondiente proyecto de ley. Es decir, a unos les parecerá que se pasa y a otros que no llega en su ponencia. Es una demostración del esfuerzo por estar en el tiempo que le ha correspondido, pero aún le frena su condición esencialmente conservadora...
OTR/PRESS |