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Maragall quiere codecidir. ¿Más aún?
José Cavero
29/09/2004
Los cronistas que han informado del debate de Política general desarrollado el martes en el parlamento de Cataluña han coincidido en destacar la intervención de Pascual Maragall, y dentro de ella, el propósito expresado por el 'molt honorable' de codecidir en el propósito de la España plural que encabeza Rodríguez Zapatero, proyecto en el que Cataluña aspira a ser reconocida como nación. Maragall vino a explicar que ahora, en la nueva situación, llegará la oportunidad de hacer efectiva la voluntad de Cataluña de influir en la política y economía españolas. Ahora es el momento de implicarse en la política española para codecidir en la misma.
Las distintas ideas que mezcla Maragall en su mensaje pueden dar el resultado final de confusión a más de un ciudadano: De un lado, insiste en su idea de que las llamadas comunidades históricas adquieran de una vez esa condición en la Constitución que pretende ser revisada. Y en concreto, aspira a que Cataluña sea reconocida como nación. Confía en que le sea reconocida de una vez esa personalidad peculiar y distintiva. De otra parte, trata de convencer a sus compatriotas catalanes que esa nueva y más relevante condición de Cataluña les dará competencias para ejercer mayor poder de decisión sobre cuanto ocurra en la política nacional. Y en esa mezcla se produce una confusión inquietante.
En principio, no parece que nadie ponga obstáculos para que Cataluña se denomine nación, país, nacionalidad o comunidad catalana, como acuerden sus dirigentes políticos, que parecen discrepar seriamente sobre ese particular. Cosa lógica es que Cataluña, como cualquier otra región, nacionalidad o comunidad autonómica tenga algo o mucho que decir sobre la marcha del conjunto de una España constituida precisamente por sus nacionalidades, regiones o naciones autonómicas, como cada una de ellas prefiera ser denominada, y siempre que las denominaciones no vengan a significar predominio de unas sobre otras. Eso sería lo inadmisible desde todos los puntos de vista. Es decir, que Castilla la Mancha o Extremadura codirigirán la política española en igual medida que lo hagan Cataluña o Euskadi, por más pretendidamente históricas que éstas se definan.
De hecho, hay bastante coincidencia en apreciar que será difícil que, en otro momento de la historia de España, Cataluña llegue a tener el grado de influencia, o de codecisión, que tiene ahora mismo, por virtud del apoyo recompensado que el gobierno tripartito de socialistas catalanes, Ezquerra e Izquierda Unida-Verdes ofrecen al gobierno de Rodríguez Zapatero. Esas tres fuerzas son perfectamente conscientes de que codirigen o copresiden el gobierno de España, por la sencilla razón de que sin su cooperación no sería posible mantener la mayoría que se requiere en las cámaras parlamentarias para aprobar los presupuestos o para sacar adelante cualquier proyecto de ley. En ese sentido, Maragall codirige y copreside con Zapatero. Y Carod también. Probablemente en mayor medida que lo hacen Chaves, Ibarra y hasta el mismísimo José Bono, ex presidente manchego y ministro de Defensa.
OTR/PRESS |
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