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Guerra a la Iglesia

Curri Valenzuela
25/09/2004

La gran mayoría de los españoles somos católicos pero, dicen las estadísticas, no practicantes. No hace falta recurrir a ningún sociólogo para conocer que de año en año decrece el número de fieles que asisten a misa cada domingo, ni tampoco para tener la seguridad de que los mismos que pasan por alto el precepto dominical se bautizan, casan y mueren por la Iglesia, católicos al fin.

Si el ochenta por ciento de los padres apuntan a sus hijos en la asignatura optativa de Religión será por algo. Seguramente porque no comparten el anticlericalismo, quizás residuo de haber figurado como "progres" en los últimos años del franquismo, de muchos de los actuales dirigentes del PSOE y de bastantes de los actuales ministros.

Iniciar, como ha empezado el Ejecutivo, una campaña a favor de la "laicidad" es un absurdo que nos remonta a varias décadas atrás de la historia de la España de este siglo, cuando la defensa o el ataque a la Iglesia constituían las señas de identidad política de los dos bandos en los que estaba dividido el país. España nunca ha sido laica.

Sí se ha convertido en aconfesional al constituirse en democracia. Por lo tanto cualquier Gobierno tiene derecho a ampliar la Ley del Divorcio, o facilitar la situación legal de las parejas de los homosexuales si, como es lógico, se siente respaldado por sus electores. Como la Iglesia tiene derecho a mostrar su oposición a las leyes que considera inadecuadas y por lo tanto a pedir a sus fieles que protesten contra ellas.

Pero esas tensiones, quizás inevitables en el tira y afloja entre la Iglesia y el Estado, no deberían dar pié a un plan organizado desde el Gobierno para acabar contra lo que considera los privilegios de la otra parte. Sobre todo tratándose de un Gobierno que presume de talante. Menuda paradoja que el presidente que propone en la ONU una alianza de civilizaciones entre Occidente y el Islam declare, de vuelta a casa, una guerra a la religión católica que comience a dividir en dos, otra vez, a la sociedad española.

(OTR/PRESS) -

 


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