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El petróleo, estúpido
Lorenzo Bernaldo de Quirós
25/09/04
Los precios del petróleo han marcado un nuevo récord. El barril de Brent alcanzó los 45,75 dólares y las perspectivas de nuevos repuntes son bastante claras. Los mercados financieros comienzan a incorporar en sus expectativas un notable impacto del elevado coste del crudo sobre la recuperación de la economía mundial. Así lo comienzan a recoger las bolsas que temen que los altos costes de la energía reduzcan los beneficios de las empresas lo que presiona a la baja sobre su cotización bursátil. Al mismo tiempo, el precio del oro subió hasta los 410.50 dólares la onza, lo que refleja la presencia de un aumento de la inflación ante el fuerte encarecimiento del petróleo. Para España éstas no son buenas noticias.
De entrada, la economía nacional es de las más dependientes del crudo. Esto significa que la persistencia del precio del barril en la frontera de los 40 dólares puede dañar de manera muy seria al crecimiento del PIB en 2005. Al mismo tiempo, esa situación puede acentuar las presiones inflacionistas. En este contexto, el riesgo de entrar en una espiral precios-salarios es elevada y las consecuencias de esa dinámica muy negativas. Desde esta perspectiva, la previsión gubernamental de un incremento del PIB del 3 por 100 el año próximo está cada vez más en vilo. Esta hipótesis vuelve a demostrar la necesidad de descentralizar la negociación colectiva y desligarla de la marcha de la inflación.
En este contexto, el contenido de los Presupuestos, un importante avance de los gastos corrientes, junto a la ausencia de un programa liberalizador acentúa la vulnerabilidad de la economía española ante el choque petrolífero. Quizá la desaparición de la Ley de Acompañamiento sea un ejercicio de transparencia pero quizá sea también una muestra de la parálisis reformista del gabinete socialista. No conviene olvidar que esa norma fue en los años del PP un instrumento para complementar con otras medidas extra presupuestarias las tributarias y de gasto contenidas en las cuentas públicas. Que Dios nos pille confesados.
OTR/PRESS
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