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Una tregua para el congreso del PP
José Cavero
28/09/2004
¿Cómo se produjo el encuentro de Manuel Fraga con Baltar y Cuiña? ¿Qué dio de sí la hora y cuarto de encuentro entre Fraga y los rebeldes gallegos del PP? No hay excesiva información, salvo que llegaron a un acuerdo, en este instante, fundamental: establecer una tregua de una semana, hasta que se produzca el Decimoquinto Congreso del Partido Popular a nivel nacional. Es un excelente acuerdo, aunque no parece que se hayan eliminado los riesgos de ruptura que habían planteado los dos políticos gallegos. Pero, de momento, se pospone, aplaza o alivia la tormenta sobre el Congreso en el que Rajoy deberá ser investido con la presidencia del partido.
Algún analista se ha hecho la pregunta: ¿Por qué no interviene, precisamente, Rajoy, en la solución del problema, por qué no acudió a entrevistarse con los levantiscos de su partido en Galicia, y hubiera podido llegar al Congreso con el formidable éxito de haber logrado la paz? Precisamente, porque muchos entienden que Rajoy es parte importante del problema, y sería difícil, por consiguiente, que fuera el más indicado para apaciguar y resolver. En efecto, el problema viene dado, sobre todo, por un mal entendimiento de los populares de Ourense, y de otros puntos de Galicia, con la dirección del PP en Madrid, y más aún, con la problemática llegada a Galicia de quienes han hecho carrera política en Madrid y son trasladados a Galicia para imponerse a los que han estado siempre allí.
Rajoy, en ese sentido, es especialmente significativo y representativo. El mismo desdeñó, en su momento, ser el sucesor de Fraga al comprobar la escasa aceptación que tenía entre sus correligionarios gallegos. Pero ha querido señalar a quienes, a su juicio, debieran mandar en Galicia: Ana Pastor, Núñez Feijoo. Y contra esos paracaidistas de Madrid es contra quienes se sublevan los galleguistas del PP, deseosos de mayores atribuciones, competencias y, en suma, de un mayor respeto.
¿Se resuelve algo de ahora al final del Congreso en que Rajoy será designado presidente? Es harto dudoso. Pero es comprensible que Fraga les haya solicitado esa tregua y que aspire a que Rajoy participe en la búsqueda de la solución que le reclaman Baltar y Cuiña. Para Rajoy hubiera sido un bofetón formidable que su congreso coincidiera con la crisis gallega, y mucho más, con un anuncio de ruptura y secesión. Ahora, en esta semana, no se excluye la posibilidad, pero se da un margen de confianza. Y se observa qué va a suceder en el Congreso de Madrid, y qué sensibilidad se muestra hacia los que amenazan con la paz interior en Galicia.
Por lo demás, Manuel Fraga ha vuelto a ejercer sus funciones y tareas. En primer lugar, la de autoridad con la que, pese a su edad avanzada y precario estado de salud, afronta el gran problema que le plantean los revoltosos. Es dudoso que la solución esté garantizada. Pero, por lo menos, habrá podido ofrecer el obsequio de una tregua al nuevo líder del partido. Las espadas siguen en alto, y Rajoy, apenas elegido, tendrá un severísimo problema que afrontar con dos elementos peligrosos, Baltar y Cuiña.
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