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Rajoy, descompuesto y sin liderazgo
Fernando Bernácer
28/09/2004
Conforme pasan los meses, comienza a verse con claridad que la designación a dedo de Mariano Rajoy para ser el sucesor de Aznar al frente del PP fue la mayor improvisación del ex presidente del Gobierno, acuciado por las prisas y condicionado por las circunstancias del momento. Hace unos días, el diario "El Mundo" desvelaba que Rodrigo Rato, entonces vicesecretario general de los ´populares´ y otro de los aspirantes a ser el candidato a la Presidencia del Gobierno, negó hasta en tres ocasiones al presidente por sus deseos de declarar la guerra al Irak de Sadam Hussein a toda costa. Y dijo Rato una de las veces en las que discrepó de su jefe: ”esto me ha costado la sucesión”. Estas palabras, pronunciadas en el mes de marzo, evidencian que Aznar no tenía nada claro quién era el mejor para sucederle. Bueno, sí que lo sabía, pero Alberto Ruiz Gallardón nunca estuvo en el cuaderno azul del máximo líder de los ´populares´.
Rajoy no es el mejor del Partido Popular. Esto no hay quien lo discuta en el partido. Puede ser un buen diputado y hasta un buen ministro, que ha ocupado cuatro carteras y una Vicepresidencia, pero no es el referente que necesita el Partido Popular si quiere recuperar la confianza de los españoles. En vísperas del XV Congreso Nacional de los ´populares´, el barco del dirigente gallego comienza a hacer aguas. Problemas en Extremadura, Valencia, Castilla-La Mancha y, sobre todo, en Galicia, evidencian una máxima repetida en política: los conflictos internos se multiplican en la oposición porque hay menos poder para repartir. Pero en vísperas de un Congreso, también queda de manifiesto que el liderato de Rajoy está en debate permanente.
Aun así, no nos engañemos. Seguro que el Congreso Nacional del Partido Popular va a ser la misma balsa de aceite que aquél en el que se despidió Aznar. Entonces, una enmienda de Francisco Álvarez-Cascos poniendo en cuestión la limitación del mandato auto-impuesta por el entonces presidente, le dio alguna emoción al evento. Pero ahora, con un PP en la oposición que necesita reafirmar una ficticia unidad, no saldrá a la luz ninguna diferencia de consideración.
El verdadero examen para Rajoy va a llegar en las próximas citas electorales. Primero, los comicios vascos y gallegos. En los primeros, poco tiene que perder el PP, en un momento en el que parece inviable, como en los anteriores comicios, una alianza entre los mal llamados constitucionalistas para desbancar al PNV del Gobierno de Vitoria. En Galicia, la nueva apuesta por Manuel Fraga hacían pensar a los ´populares´ en una victoria segura. Pero la aparición en escena de los díscolos orensanos de José Luis Baltar no deja claro el desenlace de una guerra claramente abierta y declarada dentro de las familias del PP. Las autonómicas y las municipales de 2007 también serán la prueba de fuego para el secretario general de esta formación, bajo la sombra de un presidente de Honor, como Aznar, que sigue pensando en que el origen del terrorismo islámico está en la ocupación ”mora” del siglo VIII.
Sólo cuando el Partido Popular sepa ver más allá del horizonte del ´aznarismo´ y sus secuaces (Zaplana, Acebes, Arenas, Esperanza Aguirre...) recuperará un terreno perdido, el del centro político, en torno a la figura de un líder nato, aceptado y capaz como Gallardón al que, de momento, se le cierran las puertas de los despachos directivos de la Calle Génova.
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