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El difícil trámite parlamentario de los Presupuestos
Ernesto Carratalá
27/09/2004
Lo primero en que pensaron los expertos cuando se conocieron los resultados del 14-M fue las dificultades que tendría el PSOE para sacar adelante leyes y normas estando en minoría parlamentaria, sobre todo en lo que al Senado se refiere. Rodríguez Zapatero eligió a Alfredo Pérez Rubalcaba, hombre, según él, de carácter dialogante, de talante negociador y lo suficientemente experimentado, para lograr los apoyos puntuales necesarios en cada momento. Seis meses después, a Pérez Rubalcaba se le viene encima la primera dificultad seria de la labor para la que fue designado: conseguir esos apoyos para unos presupuestos generales del Estado, los del año 2005 recientemente presentados por Solbes, que tanto PP como CiU rechazan.
De una u otra manera, el proyecto puede contar con el apoyo previo de IU y Esquerra Republicana de Catalunya. La formación que lidera Gaspar Llamazares todavía no se ha pronunciado oficialmente pero ha conseguido, ya, que en el mismo se incluya una vieja reivindicación, suya y de los sindicatos: la deflactación de la tarifa del IRFP en función de la previsión de inflación.
Una palabreja como es ésa de “deflactación” encierra una de las decisiones que más pueden afectar a nuestros bolsillos. La deflactación, que no se viene aplicando desde el año 2000, ha sido una de las cosas que demuestra la política engañosa llevada a cabo por el PP. Cristóbal Montoro iba vendiendo por ahí, -por supuesto que con el apoyo incondicional de los medios de comunicación públicos y los afines peperos -, el cumplimiento electoral del Partido Popular en lo que a la “rebaja del IRPF ” se refiere, “que permite mas liquidez para las familias” y, por otra parte, se negaba a deflactar la tarifa, año tras año. Y así cuatro.
Deflactar la tarifa del IRPF no es otra cosa que adecuarla a la inflación prevista porque si no lo hacemos, estaremos incrementando esta tarifa lo mismo que suben los precios. El PP la bajaba, pero no la adecuaba al aumento del coste de la vida con lo cual la bajada acababa por ser absorbida en la práctica. Otro “truco del almendruco” de los muchos que utilizan los gobernantes expertos en el arte de enredar al personal hasta engañarlo de forma escandalosa.
Además de ésto, IU había pedido a Solbes unos presupuestos más sociales. El gasto en atender este tipo de necesidades alcanza, ya, el 50% del total. IU parece darse por satisfecha. Al menos por el momento.
Esquerra Republicana puede llegar a condicionar su apoyo a factores ajenos a las cuentas del Estado en función de lo que el equipo que gobierna la Generalitat catalana logre arrancar no sólo a Rodríguez Zapatero, sino también a Solbes en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Pero, en principio, en la formación nacionalista de izquierdas parecen darse por satisfechos con lo que, hasta ahora, han analizado de los presupuestos por lo cual su apoyo parece mucho mas fácil de obtener, por ejemplo, que el de los nacionalistas vascos.
A estos no les importaría apoyar los presupuestos del Estado para 2005 si no fuera porque en Vitoria están en desacuerdo con la liquidación del llamado cupo vasco que no es otra cosa que el dinero que los gobiernos central y vasco se deben mutuamente en función de los impuestos y tasas que cada uno de ellos recauda para el otro. Existen diferencias en lo que a las liquidaciones se refiere. Unos cuantos millones de euros de los que depende algo tan importante para un país como es la aprobación de sus cuentas no debe ser motivo para que, al final, se encuentre una solución. El PSOE podrá sacar adelante los PGE de 2005 con el apoyo de IU, ERC, PNV e, incluso, de Coalición Canaria. No obstante, este acuerdo será difícil y costoso. Es el lado negativo de este juego parlamentario al que asistimos desde el pasado 14 de marzo. Evitamos la prepotencia y la falta de diálogo que genera una m ayoría absoluta. A cambio, asistimos al guirigay que supone el juego de las alianzas en un asunto tan importante como es el de las perras. Porque, lo quiera o no Rodríguez Zapatero, la política de gestos, por muy importantes que sean , no convence a la ciudadanía. Son los hechos los que acaban por generar la aceptación o el rechazo de una acción de gobierno. Y los hechos sólo se consiguen si hay dinero y este se reparte adecuadamente.
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