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Moros y cristianos
Antonio Casado
27/09/2004
Zapatero y Aznar, con sus sonados discursos de la semana pasada sobre el choque de civilizaciones, parecían ardillas en una asamblea de leones. Es como si hubieran perdido de repente la conciencia de su propio tamayo en un pugilato de pesos pesados a escala planetaria. Pero los ecos nacionales de sus respectivas propuestas, modelo y contramodelo, se han convertido en un agrio debate que elude el fondo del asunto y acaba en un estéril y mutuo lanzamiento de pedradas a escala doméstica. Así, lo de Zapatero se aloja en la candorosa ingenuidad de un gobernante primerizo y lo de Aznar en el atrevimiento propio de la ignorancia. Según tirios el ex presidente reinventa la historia de modo que encaje en sus deseos. Según troyanos, el ex presidente es una hermanita de la caridad.
Si el discurso de Aznar en la Universidad de Georgetown y el de Zapatero en la asamblea general de la ONU no hubieran coincidido en el tiempo la cosa no hubiera tenido mayor recorrido. Pero al ser simultáneos, es imposible mirar hacia otro lado y no apostar por una de las dos posturas, absolutamente contrapuestas. El modelo Zapatero es horizontal. El modelo de Aznar es vertical. Aquel se inspira en la cooperación y el diálogo. Este en la lucha contra el terrorismo hasta la victoria final. Aquel propone una alianza de civilizaciones. Este, una cruzada con todos los medios a su alcance.
La propuesta de España ante la ONU coincide con las ideas de su secretario general, Kofi Annan, y propuestas similares formuladas anteriormente por el presidente de Irán, Mohamed Jatami (2000), el de Senegal, Abdulade Wade (2001), o nada dudoso ex responsable de la Lucha Antiterrorista de la Casa Blanca, Richard Clarke. Las del ex presidente Aznar en la Universidad de Georgetown coinciden con las de Bush y Sharon, coincidentes, a su vez, con las de Ben Laden y Al Qaeda en un punto: aceptación del conflicto entre civilizaciones bajo el signo de una cruzada para la eliminación del adversario. ¿Esto significa comparar a Aznar con Ben Laden? Solo en el hecho de que ambas partes proponen el uso de la fuerza para ganar el pulso. Ambos deliran y nos pueden amargar el siglo XXI si se dedican a volar puentes en vez de multiplicar su construcción.
La gravedad y la hondura del asunto no permite su reducción a guerras antiguas de moros y cristianos, según plantillas solo adaptables a mentes averiadas como las de Ben Laden y quienes le hacen el juego.
OTR/PRESS
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