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Congreso con amenaza de estallido
José Cavero
25/09/2004
En el PP se resisten a dar por buena la especulación y pregunta malévola que algunos transmiten y comparten: ¿No será que Rajoy es gafe?. Primero, porque justamente cuando todo estaba dispuesto para que ganara las elecciones de marzo, se produjo el gran atentado que terminó con las ilusiones de los populares y con el sitio en la Historia que ya estaban reclamando para su líder Aznar.
Aznar y su designado Rajoy quedaban batidos y abatidos por el estruendo y el pavoroso recuento de víctimas mortales, previo al recuento de los votos. Rajoy hubo de guardar para mejor ocasión, si alguna vez llega, la lista de su gobierno "in péctore" y sin estrenar. Y ahora, cuando se disponía, finalmente, a estrenar su condición de presidente del Partido, le estalla la crisis del PP gallego, quién lo iba a decir.
Precisamente, del gallego, la delegación o "sucursal" que, se supone que el propio Rajoy, de manera directa, por su propia condición, o con la del veterano y experimentadísimo don Manuel, o con la subalterna Ana Pastor, cabía esperar que estaba más "controlado". Pues no. Si la designación de don Manuel para una nueva candidatura se había justificado, precisamente, por razón de conservar y mantener la unidad del partido en Galicia, resulta que tampoco ha servido, en absoluto, esta invocación inadecuada.
Y que había sido un paso en falso, un resbalón no previsto, que ahora se convierte en amenaza severísima para el congreso nacional, décimo quinto de la historia de la derecha que mira al centro.
Las atenciones están puestas, desde todo el PP, en los movimientos que, de aquí a la cena del lunes, han de realizar el sublevado Baltar y el anciano don Manuel, pero también los restantes personajes de este drama, al que se ha subido, en las últimas horas, el poderoso presidente de la Diputación lucense Cacharro Pardo.
Cacharro se ofrece para mediar en el conflicto, pero de entrada llega abofeteando a quienes pretenden dirigir el PP "desde Madrid", por teléfono o por personas interpuestas. ¿Se refiere a Ana Pastor, a Núñez Feijoo o al propio Rajoy, que "siempre estuvo sin estar", que "quiso y no quiso" ocuparse del partido en su tierra gallego, y que jamás terminó de mancharse las manos con el chapapote ni con el Plan Galicia.
El congreso décimo quinto estaba preocupado con el cristianismo que determina la ideología conservadora, en tiempo de declarado y victorioso laicismo, y con el relevo de colores, naranja por azul. Pero se le ha escapado el control de Baltar, de Cacharro y vaya usted a saber de cuántos más que estaban pendientes de la renovación de Fraga, que nunca llega, o de la decisión comprometida y tajante de don Mariano, sólo decidido a la hora de arremeter contra quien le ganó las oposiciones, contra todo pronóstico, el catorce de marzo.
OTR/PRESS
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