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¡Queremos saber!
Rosa Villacastín
21/09/2004
Han pasado seis largos meses desde que se produjo el atentado del 11 de marzo que costó la vida a 192 personas y dejó destrozados de cuerpo y alma a un número indeterminado de ellos. Seis largos meses desde que los españoles nos echamos masivamente a la calle para protestar contra los autores de aquella matanza, y para pedir al gobierno de José María Aznar que no ocultase datos y dijera antes de que acudiéramos a las urnas quiénes eran los asesinos que habían sembrado de terror la ciudad y sumido en el dolor y la desesperación a tantas familias que nunca más volverán a dormir tranquilos. Ciudadanos de bien a los que las bombas han dejado secuelas que difícilmente olvidaran porque nada atenaza más que el miedo al miedo.
No conocía a ninguna de las personas que iban en los trenes de la muerte pero confieso que cada vez que veo las imágenes de aquella mañana leo el testimonio de cualquiera de las víctimas, siento un nudo en la boca del estómago. Un dolor que se agudiza cuando oigo a los políticos echar balones fuera. Por ejemplo, cuando la mayoría de los grupos parlamentarios llaman a declarar al anterior presidente del Gobierno, y sale Zaplana o Rajoy anunciando poco menos que el diluvio universal, siento una rabia inmensa. Tengo la impresión de que se olvidan de los damnificados del atentado y de todas aquellas personas que esperan con ansiedad que alguien les dé una explicación de por qué tuvo que morir su hijo, su mujer, su hermano o un amigo, aquella mañana cuando se dirigían a su trabajo o a la universidad.
Que la mayor preocupación del PP sea saber quién convocó las manifestaciones del 13-M ante las sedes de su partido, no deja de ser una boutade, una irresponsabilidad política pero sobre todo, una falta de sensibilidad hacía las victimas. Tampoco el Partido Socialista ha hilado fino en la Comisión de Investigación. No lo estuvo cuando compareció Acebes que se fue de rositas, siendo como era el ministro del Interior en el momento del atentado, y dudo que lo esté cuando acuda a declarar José María Aznar.
Al ex presidente hay que recordarle que está obligado a contar la verdad y toda la verdad, y a poner un poco de luz donde no hay más que sombras. Todo ello sin acritud, pues nadie le va a devolver el poder que perdió el 14-M. Enzarzándose en riñas, en discusiones inútiles, no consiguen otra cosa que dejar al descubierto las miserias de una clase política que está más preocupada por los réditos electorales que por los problemas reales de la ciudadanía. Hoy como hace seis largos meses lo importante es saber por qué no se tomaron medidas si todo apuntaba a que en España podía producirse un atentado terrorista. Hoy como ayer señor Rajoy, señor Zapatero, ¡queremos saber la verdad!
OTR/PRESS |
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