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Camacho
Fernando Bernácer
20/09/2004
Parece claro que lo de José Antonio Camacho con el Real Madrid es una historia de amor imposible que ha terminado mal, al menos de momento. La segunda huida del entrenador murciano (hace dos años duró sólo unos días dirigiendo a los merengues) es un claro ejemplo de lo difícil que es encajar a un virtuoso músico de calle en la Orquesta Filarmónica de Londres. El modelo hilvanado por Florentino Pérez, en el que la prosperidad de la institución ha quedado condicionada por la venta de camisetas, el glamour y la guapura de los jugadores, ha encontrado un serio varapalo, tan previsible como merecido.
Por buscar la felicidad completa durante sólo unos meses, el Real Madrid ha olvidado un proyecto de futuro, ha descuidado su propia cantera y ha fichado sin orden ni concierto, bien para fastidiar al eterno rival (caso Figo), para llenar el campo en torno a la melena rubia de Beckham o para acallar las críticas ante la pasividad, como con Owen. Con Mariano García Remón en el banquillo, Florentino busca repetir el ´Efecto Del Bosque´: un técnico conformista, sin grandes apuestas tácticas y que deje libertad a sus jugadores, tanto en el campo como en la calle. Seguro que en los próximos meses bares, discotecas y locales nocturnos de Madrid vuelven a gozar de la presencia de los glamourosos galácticos madridistas. El club lo tolerará, con la esperanza de que el ´buen rollo´ en la plantilla se convierta en energía que encienda otra vez la buena estrella de los blancos.
Pero que hay que tener en cuenta varios factores que diferencian a este Real Madrid del que entrenaba Del Bosque. Los galácticos que llegaron antes (Figo, Zidane y Roberto Carlos), tienen dos años más y esperan ya el ocaso de su carrera deportiva, saturados de partidos durante años y con un físico no preparado para el ritmo de miércoles y sábado en la competición. Otros, como Ronaldo y Beckham, demuestran una alarmante irregularidad y despreocupación por lo que le pase al equipo, como si lo que acontece en la Casa Blanca no fuera con ellos. Y luego está Raúl que, con 27 años, padece un agotamiento sin cura, un exceso de protagonismo y una carga de responsabilidad que le impide remontar el vuelo.
La cura para tanta desgracia (que todas fueran así en el mundo) es un poco de tranquilidad. Seguro que si el Madrid gana los dos próximos partidos todo vuelve a su curso porque, como siempre ha sido, y por el presupuesto que se maneja en estos casos, los blancos no perderán de vista los primeros puestos de la clasificación. Aunque ya no sea el equipo del Gobierno...(ZP es culé) |
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