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Astilleros, en lucha
Carmen Tomás
21/09/2004
Estamos en un momento en el que dar una opinión sobre alguna propuesta del Gobierno corre el riesgo de quedarse vieja en horas; tan vieja como la susodicha propuesta. Si nos centramos en la situación de los astilleros españoles y su posible solución, nos encontramos con que todos los argumentos en contra de la promesa que Zapatero lanzó en un mitin en el País Vasco ya no son válidas, porque se ha dado marcha atrás y se ha apelado de nuevo al plan de la SEPI. Cómo estará siendo el espectáculo que hasta el secretario de Comisiones Obreras, Fidalgo, ha acusado al Gobierno de crear falsas expectativas. Y es que eso es lo que están creando.
Una muestra más, la visita del responsable de la SEPI a Bruselas para intentar contener a los trabajadores. Cualquiera medianamente informado sabe que los astilleros españoles no tienen pedidos y que una de las causas de este desastre es que los precios no son competitivos con otros países. Pero, también se debe saber que en la construcción o mantenimiento de barcos y flotas es tan importante el precio como las relaciones exteriores de unos con otros. Los negocios a veces se mueven más por amistad-enemistad que por coste. ¿Cuál ha sido hasta este momento la política exterior del gobierno Zapatero? ¿Qué mensajes ha lanzado a Estados Unidos? Con esto no se quiere decir que haya que aprobar la guerra de Irak o la foto de Aznar en las Azores para rematar su participación en un conflicto que los españoles no apoyaban. Pero, no seamos ingenuos. Estar con Francia y Alemania (ejemplo en este momento de pocas cosas) y dar la espalda a Estados Unidos no tiene ningún sentido. Hay que estar en todas partes. Sabiendo que en todas partes intentarán recibir a cambio de poco o nada.
En todo caso, a los astilleros españoles hace ya tiempo que les habría venido muy bien una reconversión. Nada se ha hecho en los últimos años más que acabar un conflicto anunciado. Es más, aunque se consiguiera algún pedido de ninguna manera sería para sostener las plantillas y todo el entramado de trabajo indirecto que se ha creado a su alrededor. Vale que no se puede dejar de golpe a miles de familias en la calle, pero desde luego la solución no es alargar con dinero de todos y artificialmente una actividad cuyo futuro es más que incierto. Los trabajadores lo saben y por eso están en la calle protestando, de una manera bastante vandálica dicho sea de paso. ¿Llevará Zapatero la pancarta de estas manifestaciones? ¿Se pondrá al frente? Más bien parece que le queda poco tiempo a la política de la sonrisa fácil y del talante.
OTR/PRESS |
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