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Por donde se rompe la cuerda
Rafael Torres
19/09/2004
La devolución a Europa de las ayudas ilegalmente cobradas por el anterior gobierno supone la puntilla para los astilleros españoles, pero, de no mediar ese pago, la industria naval quebraría también, sólo que algo más tarde, el año que viene. No ha pedidos ni carga de trabajo para el sector civil de astilleros públicos por su escasa o nula competitividad respecto a esos otros países que construyen mucho más barato, pero siendo éste el único punto en el que todos (trabajadores, Administración y opinión pública) están de acuerdo, también es el punto en el que se abismas la diferencias: ¿Deben pagarlos trabajadores la mala gestión de sus políticos? ¿De quién, sino de ellos, es la responsabilidad de la quiebra de una de las más importantes industrias de la nación? ¿Habrán de sufrir los operarios de los astilleros, ellos íntegramente, las fatigas de la prejubilación, del paro, de los lunes al sol, en tanto que los políticos que no supieron prever y evitar la catástrofe deambulan indemnes por sus despachos, sus escaños, sus aviones, o por los confortables territorios de una suculenta jubilación? La cuerda se rompe una vez más por lo más delgado, y eso, más que la apuesta por alternativa alguna para la supervivencia de nuestra industria naval, lo que encoleriza e indigna a los trabajadores que se echan a la calle con el único argumento de su desesperación.
Si el Estado no supo conservar la fuente de riqueza comunal de los astilleros, a él corresponde la responsabilidad y no a los que entregaron sin reservas su esfuerzo y su talento profesional en el desempeño de su trabajo diario. Hágaseles, pues, justicia, pues nadie habrá de considerar que haciéndosela se les concede ningún privilegio. Al Gobierno, que ha heredado éste marrón de gobiernos anteriores, pero que tiene la obligación de resolverlo bien en cualquier caso, le corresponde idear el modo de salvar lo que se pueda, y ya que no se puede salvar la industria, sálvese cuando menos el futuro de los trabajadores, cuya destreza y conocimientos deben seguir beneficiándonos a todos, principalmente a sus familias. Y que esa disposición, ese diálogo imprescindible, no se solvente en la calle y con heridos bajo ningún concepto.
OTR/PRESS
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