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El reto de Sevilla
Fermín Bocos
20/09/2004
Jordi Sevilla quería ser ministro de Economía -es lo suyo, era para lo que se había preparado y era para lo que creía que iba a ser nombrado-. Al final, acabó en ministro de Administraciones Públicas. Rodríguez Zapatero le cambió de cartera, pero no para ahorrarle problemas. En realidad, aunque la economía tiende a ser el centro de todo, no es menos cierto que una parte de la política todavía se juega en los viejos frontones dónde, a veces, para poder devolver una pelota y no perder el partido resulta imprescindible tener lista la mano izquierda. Dentro de un año quizá cambien las cosas, pero ahora mismo la opinión pública percibe que el gran reto del Gobierno Zapatero es reformar los mecanismos de distribución de poder dentro del Estado sin poner en peligro la cohesión territorial ni fragilizar la idea de España que predomina entre la mayoría de los españoles. Quiero decir con eso que es el tiempo de la política.
Incluso de política con mayúscula: aquella que toma decisiones y allega consensos llamados a perdurar como ocurrió en los días y con las ideas que permitieron cerrar la Transición. Veo en los trabajos preparatorios de la futura Conferencia de Presidentes autonómicos (una de las novedades que impulsa el Gobierno, preparatoria, a su vez, de la reforma del Senado) es un trabajo que reclama tacto y cintura política para no dejarse desbordar ni por el afán protagonista de los iluminados ni por el discurso de los escépticos. Lo que ha trascendido es que el ministro Sevilla, con humildad pero con determinación está empezando a sacar adelante la "Agenda Zapatero" para empezar a dar cauce a las reformas que han de culminar en la de la propia Constitución.
El Anterior Gobierno (Aznar) creía que ya no daba más de sí el proceso de transferencias y que por lo tanto, el Ministerio de Administraciones Públicas, estaba poco menos amortizado. Dando inconscientemente por bueno aquel diagnóstico, hubo quien consideró que cuando Zapatero encomendó a Jordi Sevilla la mencionada cartera -y no Economía - le había dado un premio de consolación a su amigo y compañero dentro del PSOE en la aventura de lo que se llamó "Nueva Vía". Los hechos, desde luego, lo desmienten. Ahora mismo ,si descontamos a la Presidencia y a la Vicepresidencia primera del Gobierno no hay un ministerio con más carga política que el de Administraciones Públicas. De hecho va a ser el pilar sobre el que el presidente Rodríguez Zapatero intentará convertir en edificio su proyecto de reforma de la Constitución.
A Jordi Sevilla, hombre afable, educado y modesto, la compleja encomienda ministerial que ha recibido le va a convertir en el político que quizá nunca soñó que iba a ser cuando todo su afán se centraba en ser un buen economista. Ése es su reto.
OTR/PRESS
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