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La soledad del PP
Carlos Carnicero
19/09/2004
Eduardo Zaplana todavía no se ha apeado del coche oficial de ministro de un gobierno con mayoría absoluta. Sus reacciones siguen siendo como las de quien puede llamar al jefe de informativos para dictarle el Telediario. Y las cosas han cambiado mucho en esta España que gobierna ahora José Luis Rodríguez Zapatero y que todavía está fascinada con la sonrisa del poder y mira con recelo los reflejos abruptos del pasado que salen del espejo de Eduardo Zaplana. Esos chispazos, eclipsan, incluso, el talante de Mariano Rajoy. Con Zaplana, todo en el PP huele a otra época que ya no tiene sitio en esta España nuestra.
El resultado es la tremenda soledad del Partido Popular. No tiene entendimiento posible, en ninguna materia, con ninguno de los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados. En la Comisión de Investigación del 11-M se han visto retratados con nitidez todos estos extremos. El PP no consigue ningún apoyo para conducir la comisión por unos vericuetos que le sean cómodos y amables. Y esa soledad está acompañada por la tentación de tirar las patas por alto. Pero las reglas son iguales para todos y las reglas eran iguales en la época en la que el PP tenía mayoría absoluta: no tienen credibilidad sus quejas más que como manifestación de su impotencia para entenderse con nadie.
Frente a esta realidad, Mariano Rajoy da la sensación de tener las manos atadas por la sombra de José María Aznar. Por la sombra, o por algo más que la sombra, porque la presencia del expresidente del Gobierno empieza a alargarse y surgen las primeras dudas sobre la vigencia de la decisión que adoptó de retirarse de la vida política en la dirección de su partido. La historia reciente de lo sucedido en el PSOE revela cuan peligrosas pueden ser las tutelas y lo que contaminan los liderazgos en fase de consolidación.
La estrategia del PP que desarrolló José María Aznar no parece tener futuro. Lo inteligente sería que el PP diera un giro hacia el centro y la primera visualización de ese rumbo es la tolerancia y el entendimiento con los demás partidos. Esas parecen ser las intenciones de Mariano Rajoy. Pero tiene un timonel, Eduardo Zaplana, que cuando coge la caña del barco embarranca en el pasado. Así van a seguir estando solos.
OTR/PRESS
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