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Home Opinión Francesc de P. Burguera
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El catalán-valenciano y la UE
Francesc P. Burguera
19/09/2004
El ministro Moratinos ha decidido solicitar que el catalán y el valenciano sean lenguas oficiales en la Unión Europea. Y se ha organizado una trifulca, dado que catalán y valenciano son la misma lengua. Es algo que no pone en duda ningún departamento de filología románica de cualquier universidad del mundo. Y, en concreto, las universidades de Cataluña, la Comunidad Valenciana y las Baleares. Sucede que la lengua autóctona que se habla en estas tres comunidades, el catalán –que en las Baleares se llama "mallorquín" y en la Comunidad Valenciana, "valenciano"- no ha formado parte de la enseñanza escolar desde hace más de dos siglos.
No ha tenido detrás un Estado que se preocupase de su enseñanza y uso literario. El pueblo la hablaba pero no sabía escribirla ni leerla. Una lengua puede tener distintas formas de hablarla, con acentos y algunos términos verbales distintos. Pero mantiene su unidad a través de la enseñanza escolar. Si un ciudadano de Valladolid se desplaza a Sevilla, por ejemplo, se encontrará con que los andaluces hablan el castellano con acento distinto e incluso con palabras que él no entiende, muy bien, su significado. Sin embargo, si se acerca a un quiosco y compra el "Diario de Sevilla" se encontrará con que está escrito exactamente igual a "El Norte de Castilla".
Y si conviene con un amigo sevillano el comunicarse por carta de vez en cuando, las misivas que reciba en Valladolid de su amigo andaluz estarán escritas en la misma forma gramatical con que él le escribirá las suyas. Y es que en la escuela de Sevilla y en la de Valladolid, los dos amigos aprendieron a leer y escribir el castellano en la misma gramática. El catalán no ha tenido la misma suerte. Ni en Cataluña, ni en las Baleares ni en Valencia se ha enseñado la lengua en las escuelas. Se hablaba pero no se sabía leerla ni escribirla.
Fue a partir de la Renaixença, a finales del siglo XIX, cuando algunos intelectuales y escritores sintieron la necesidad de codificar el catalán, estableciendo unas normas gramaticales para uso general y acabar, así, con la anarquía existente a la hora de escribir la lengua, cada cual según su leal saber y entender. Este movimiento que empezó en Cataluña siguió en la Comunidad Valenciana. Y en 1.932, se firmaron las "Normes de Castelló", por intelectuales, escritores y entidades valencianos, adaptando a la realidad valenciana las reglas aprobadas en Cataluña, con el fin de preservar la unidad de la lengua.
Desde los primeros años de la postguerra, la década de los cuarenta, los jóvenes valencianos que nos inclinamos por escribir en nuestra lengua, que aquí llamamos valenciano, tuvimos la suerte de encontrarnos con normas claras y concretas para escribir en ella. Normas que eran las mismas que se usaban en Cataluña o en Baleares. Durante el franquismo nadie planteó en serio que el catalán y el valenciano fuesen idiomas distintos. No se enseñaba la lengua en las escuelas pero teníamos a nuestra disposición diversas gramáticas para poder escribir correctamente aquellos que tuviésemos aficiones literarias.
Fue durante la transición, después de la victoria de la izquierda en la Comunidad Valenciana en las elecciones del 77, cuando la derecha valenciana se dedicó a fomentar el anticatalanismo y negar que el catalán y el valenciano eran la misma lengua. Este era el mensaje político que utilizó en las elecciones del 79. Sin éxito. Volvió a ganar la izquierda. Uno no sabe si en la UE se aprobará el uso del catalán y del valenciano. De ser así, será divertido ver los textos traducidos al catalán y los traducidos al valenciano. Porque serán idénticos. Se habrá doblado el gasto en traductores para una misma finalidad. De risa.
OTR/PRESS
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