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PP-PSOE, es la guerra
José Cavero
16/09/2004
Eso ha llegado a proclamar uno de los dirigentes del PP, en esta hora de regreso a altos niveles de hostilidad entre los principales partidos del parlamento después del desencuentro producido en la comisión de investigación del 11-M. La declaración que efectuó Eduardo Zaplana, que habló de “escándalo sin precedentes”, y que pretendió deslegitimar de raíz la comisión parlamentaria, tras el acuerdo de solicitar la comparecencia de Aznar y Astarloa, y la que horas más tarde exponía Rajoy en la sesión de control al gobierno, fueron expresivas de ese tono de enemistad rotunda que el ciudadano no entenderá con facilidad, pero que, al mismo tiempo, vuelve a ofrecer el espectáculo de un PP que padece de una tremenda soledad en el parlamento. En la comisión del 11-M no se aceptó ni una sola de las propuestas de comparecencias que planteaban el partido de Rajoy y de Zaplana, y en cambio, vio cómo se abría paso la convocatoria para que testimonie Aznar, el primer ex jefe de un gobierno que se verá en la necesidad de explicar qué hizo en las horas siguientes a la tragedia de los trenes de mercancías.
Rajoy explicó que también hubiera resultado interesante conocer de su propia boca qué hizo Zapatero en aquellas mismas horas, cuando los dirigentes políticos, según se acusan populares y socialistas, se dedicaron mucho más a tratar de convencer sobre qué grupo terrorista había actuado en los trenes que a consolar a las víctimas de aquella pavorosa actuación. De manera que todavía dará mucho que hablar esa comisión parlamentaria en la que, sin embargo, se evita una y otra vez que acudan los confidentes policiales, mientras siguen revelándose tremendos detalles acerca del comportamiento de algunos policías o guardias civiles que tenían contacto con ellos. La historia del guardia civil que vende armas a los terroristas y que acudió, 48 horas después de la matanza, a celebrar con una mariscada con los confidentes Toro Castro y Rafa Zouhier, el cumpleaños del socio de El Chino, parece que merecería mayores explicaciones. Pero, como se ha puesto de relieve, la comisión prefiere escuchar a un sociólogo alemán especialista en terrorismo islamista antes que a los confidentes.
Y mientras tanto, se anuncia que, por parte del PP, vuelven a expresarse las dudas y sospechas sobre “intervención conjunta” de etarras y servicios de inteligencia marroquíes y hasta franceses, con los islamistas radicales y fanáticos, siempre en el propósito de añadir confusión a una terrible historia con casi doscientos muertos. Todo en el deseo de que se pase por alto y diluya la relación entre el crimen masivo y la decisión política sobre la participación española en la guerra de Irak. Todo demasiado turbio y viscoso, que no favorece, precisamente, la imagen de los políticos, que no aparecen precisamente deseosos de saber con precisión qué sucedió y por qué pudo acontecer aquella matanza.
Resulta bien apreciable que se han endurecido los lenguajes de los dos principales partidos parlamentarios. Y se da por descontado que las comparecencias de Aznar y de Astarloa reclaman ya un altísimo grado de expectación de público y medios.
OTR/PRESS
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