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El "tonto" Caldera

Ernesto Carratalá

13/09/2004

Jesús Caldera es un singular ministro del singular gobierno socialista presidido por el singular Rodríguez Zapatero cuya obsesión por el talante abierto empieza a ser considerada en ámbitos políticos como una excusa para ocultar una actitud propia de la ingenuidad por no decir otra cosa. Vamos, que en el PP son mucho mas duros que Alfonso Guerra cuando éste llamó a ZP “Bambi”, en clara alusión al pusilánime ciervo de Walt Disney cuyas aventuras tanto nos enterneció a varias generaciones.

Cuando Rodríguez Zapatero confeccionaba su lista de ministros sabía que tenía que contar, a la fuerza, con Jesús Caldera quien figuró en todas las quinielas y en algunas como número dos, es decir, vicepresidente y ministro de la Presidencia. Al final, ZP no encontraba hueco para “el bueno de Jesús” y le colocó en un departamento, el de Trabajo y Asuntos Sociales, con competencias ampliadas en materia de inmigración.

Era el premio para su fiel escudero durante la etapa de la oposición. Jesús Caldera se había significado por ser el “azote” del gobierno del PP. El que daba caña. Parecía que los papeles se habían repartido siguiendo un esquema parecido al de Felipe González y Alfonso Guerra a finales de los años setenta y principios de los ochenta. El primero, jugando a ejercer la oposición en plan estadista, por encima del bien y del mal, y el segundo convirtiéndose en la pesadilla de la UCD de Adolfo Suárez. Y si no, que se lo digan a Ignacio Camuñas, ministro de Relaciones con las Cortes, que concluyó su carrera política de una forma un tanto prematura cuando tuvo que enfrentarse en el Congreso con Guerra. De “Nacho de noche”, tal y como se le llamó, nada quedó después de dicho enfrentamiento.

Jesús Caldera jugó a lo mismo, al enfrentamiento, pero con distinta suerte. Con Rodrigo Rato, por ejemplo, no pudo porque el actual director general del Fondo Monetario Internacional es un verdadero monstruo parlamentario al que difícilmente se le pone en apuros. Caldera utilizó todo tipo de trucos, a veces con sonoros fracasos. El que ésto suscribe todavía recuerda cómo utilizó su nombre durante la comparecencia del ministro de Defensa de entonces, Federico Trillo, por un artículo publicado en Diario Directo en el cual contaba sus peripecias en un vuelo del Yak 42, el mismo aparato que, semanas después, se estrelló en Turquía. Ni Caldera ni nadie de su equipo, incluido su actual asesor en materia de prensa, se preocuparon en contactar con el autor del artículo, más que nada para comprobar si lo escrito formaba parte de las fantasías de un enfermo internado en cualquier frenopático de España.

Era el estilo de Jesús Caldera. Daba crédito a todo lo que se le ponía encima de la mesa sin contrastarlo. Y, ahora, parece que su gente en el Ministerio de Trabajo hace una labor parecida. Su secretario general de Empleo, Valeriano Gómez, un funcionario de Ferraz en cuyo curriculum figura haber sido presidente del Comité de Empresa de los trabajadores del PSOE en la Ejecutiva Federal, y haber gestionado la quiebra de la cooperativa de viviendas de la UGT, PSV, no sabe cómo explicar el desastre ocurrido en las listas del INEM del mes de agosto, con un aumento en el número de parados que no se había registrado en los últimos veinte años. Su secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí, revoluciona las oficinas de las delegaciones de Gobierno anunciando una “regularización extraordinaria” de extranjeros ilegales residentes en España y poniendo en pie de guerra a la oposición. Y él mismo sale a la palestra, al más puro estilo Carlos Solchaga en los años ochenta, echando las culpas del desaguisado de Izar al PP y diciendo que si “a los trabajadores de los astilleros les toca sacrificarse que sepan que no ha sido por culpa nuestra” y que “al Gobierno no le temblará la mano si tiene que llevar a cabo una reconversión en el sector”. Le dice a su jefe, ZP, que puede anunciar una subida de las pensiones mínimas del 6% cabreando sobremanera a Solbes y, en fin, genera un malestar social que no sabe como parar ni siquiera Cándido Méndez, el líder ugetista que, hoy por hoy, apoya sin fisuras al gobierno del PSOE.

Nadie puede hacerlo tan mal en tan poco tiempo. En ámbitos políticos, a Jesús Caldera hace tiempo que se le conoce como “el tonto Caldera” . El problema es que en la oposición se tapaban mejor sus salidas de tono mientras que ahora es ministro. Y, además, el responsable de la buena marcha social del país, que no es poco lo que se juega.

 


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