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Home  Opinión  Carmen Tomás
 
Discriminación laboral

Carmen Tomás

14/09/2004

Hace unos días leí en un periódico digital una noticia que me puso los pelos como escarpias. Una cadena alemana de supermercados que también está asentada en España utiliza técnicas laborales que están fuera no ya solo de todas las leyes y normas que se han dado los seres humanos, sino que patea la inteligencia general y la paciencia femenina. Parece que Lidl, que así se llama la empresa, exige en algunos países donde está ubicada, que todas sus empleadas que estén con la menstruación lleven una cinta en el pelo o en la frente para que la jefa de turno haga la vista gorda si la ve ir al baño en horas de trabajo o fuera de los tiempos de descanso. La noticia no ha tenido mucha repercusión en nuestro país, pero tiene supermercados y habría que investigar qué está ocurriendo, porque la empresa se caracteriza al parecer por su obligación de silencio, con su consiguiente cuota de miedo y chantaje al que hable. El periódico de referencia de esta noticia cuenta que por ejemplo en Noruega las autoridades ya han advertido a Lidl que no van a tolerar estas cosas. Me gustaría ver un gesto semejante en nuestro país en el que desgraciadamente las mujeres ya tenemos que soportar toda una larga lista de discriminaciones.

Alguien puede pensar que lo de Lidl se convierte en anécdota cuando estamos hablando de una discriminación salarial del 30 por ciento a favor de los hombres a igual trabajo o la alta temporalidad en el trabajo femenino o la escasísima presencia de mujeres en puestos de responsabilidad, cuando esa no es la foto de la sociedad ni en la Universidad ni en las empresas. Sin embargo, no hay que dejar pasar estas indecencias en el trato a los trabajadores. Me consta que aquí en nuestro país ocurren cosas parecidas en las empresas que se dedican al telemarketing, a la venta por teléfono, donde no sólo se explota laboralmente a los trabajadores, sino que se han impuesto normas que están claramente fuera de la constitución, no digamos ya del sentido común y la decencia. ¿Dónde están los sindicatos, qué hacen, qué piensan? Nada. Mudos. Les recuerdo que en esta renovada actividad trabajan decenas de miles de personas. Empleados que por poco dinero pasan ocho horas sentados ante un teléfono con la presión de realizar unas ventas para cobrar o no. Y, por supuesto, de ir al baño, ni hablamos.

OTR/PRESS
 


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