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El futuro de Izar
Fermín Bocos
15/09/2004
El Grupo Izar viven una situación que va camino de ser gramsciana. Cuando lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir Gramsci creía que se daban las condiciones para hablar de tragedia. En el caso de los astilleros Izar ,lo nuevo es el Plan de Viabilidad y lo viejo la deuda de más de 500 millones y las ayudas por valor de otros 1.100 que la Unión Europea considera ayudas de Estado ilegales y que, en consecuencia, habrá que devolver. La SEPI quiere segregar Izar en dos empresas (una militar, otra civil) y el presidente del Gobierno se ha comprometido públicamente a "salvar" los astilleros.
De lo primero los trabajadores no quieren ni oír hablar; lo segundo -el compromiso de Rodríguez Zapatero- no se lo acaban de creer. El resultado es el que conocemos: movilizaciones, cortes de carreteras, episodios aislados de violencia y enfrentamientos con la policía y un suma y sigue de acciones cuyo hilo conductor parece estar construido con los materiales propios de la desesperación. Los trabajadores tienen derecho a defender sus puestos de trabajo.
Estamos hablando de más de 11.000 familias que viven la angustia del incierto futuro que las aguarda. Eso es así y los poderes públicos deben afinar al máximo para jugar con inteligencia las bazas que ofrece por una parte la disposición de Bruselas a aceptar una moratoria en el reembolso de las ayudas (concedida , por cierto, bajo cuerda por el anterior Gobierno para evitar que le explotará el problema entre las manos) y, por otra las posibilidades que ofrece la demanda procedente del sector militar.
Que juegue la dirección de la SEPI a favor de salvaguardar los intereses de los trabajadores, pero que entiendan estos y sus representantes que no pueden estar con una mano pidiendo ayuda y con la otra cortando carreteras, arrancando quitamiedos, quemando contenedores y enfrentándose a la policía. La violencia es el camino más corto para no resolver las cosas.
Tengo para mi que harían bien los trabajadores y sus sindicatos controlando la sobreactuación de algunos de sus compañeros, porque, la verdad, vistos los hechos están empezando a provocar un principio de rechazo entre los ciudadanos ajenos al problema. Si ese rechazo llegará a generalizarse, sería la peor de las noticias para los afectados por el futuro de los Astilleros Izar. Ya digo, la situación puede acabar siendo gramsciana.
OTR/PRESS
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