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El pulso del piloto
Antonio Casado
15/09/2004
El “talante, tatrás, talante, tatrás” de Zapatero, según Gallego y Rey, excelentes comunicadores, no es sólo la pedrada favorita del PP contra el Gobierno socialista. Es también un motivo de inquietud en los pliegues de la propia organización del PSOE, como se comprobó en la reunión a puerta cerrada que los diputados socialistas mantuvieron el martes con la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, sobre cuyo cargo recae la responsabilidad de la coordinación del trabajo. Como diría Fernando Savater, hay humildes verdades que sucumben frente a las mentiras de moda. Como inagotable generador de modas, lugares comunes y climas artificiales, el poder tiende a establecer lo que es o no es políticamente correcto.
No es políticamente correcto poner en duda el pulso del piloto. O sea, la sensación de firmeza que el gobernante debe trasmitir a los gobernados. Especialmente si quien duda no es quien está casi obligado, el adversario, sino la propia clientela del líder. O aquellos observadores que desean vivamente –deseamos- el acierto del piloto y el copiloto en sus propuestas de mejorar la vida de los ciudadanos. Algunos detectamos síntomas de debilidad argumental –a veces, también ideológica- en el señor Rodríguez Zapatero. Eso empeora en el puesto inmediatamente inferior del escalafón. O sea, en la figura del copiloto –presidenta de sustitutución por ausencias-, que encarna doña Maria Teresa Fernández de la Vega.
Sus dificultades expresivas trasladan una perturbadora sensación. Si los argumentos no están claros puede que tampoco lo estén las ideas que los sustentan y la hoja de ruta para aplicarlas. Objetivos plausibles, razonables, dignos de ser apoyados, junto a una mala defensa de los mismos. Explicaciones deficientes, poco didácticas. Lagunas argumentales en el verbo neutro de Zapatero y demasiados tropezones en el discurso de la vicepresidenta. Es como si ellos mismos estuvieran descubriendo sobre la marcha que están bien fijadas las metas pero no los caminos a seguir. O que se ha decidido la jugada final sin estudiar las intermedias.
Todo esto fue lo que saqué en limpio, después de revisar las notas tomadas durante la intervención de Fernández de la Vega en el Foro de Europa Press ayer miércoles en Madrid. Cuánto me gustaría estar equivocado.
OTR/PRESS
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