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¡Que no viene el lobo!
Ramón Pi
09/09/04
Una de las arraigadas costumbres de los socialdemócratas europeos (que, todo hay que decirlo, los conservadores copian con bastante entusiasmo) consiste en hacer promesas de imposible cumplimiento, o, si pintan bastos, en cambiar el nombre de las cosas por si suena la flauta y así cambian las cosas mismas. Un ejemplo: Rodríguez Zapatero retira las tropas españolas de Irak, y Moratinos y Fernández de la Vogue, en conferencia de prensa memorable, anuncian que vamos a “seguir reforzando” nuestras relaciones con Estados Unidos. Otro ejemplo: Solbes anuncia que habrá déficit público, pero que no se renuncia a la estabilidad presupuestaria, sólo que no año a año, sino por “ciclos”, y que en el curso de la legislatura los déficit de los primeros años se compensarán con los superávit de los últimos.
Es como el cuento del lobo, pero al revés: el niño mentiroso, en lugar de anunciar constantemente que viene el lobo, anuncia que no viene; y cuando viene de verdad, tanto en uno como en otro caso nadie lo cree, y el lobo se come a las ovejas. Rodríguez Zapatero quiso tranquilizar a los trabajadores de los astilleros públicos en crisis, y prometió cosas que se pueden entender de siete formas diferentes, pero que los trabajadores entendieron de una sola: los astilleros no cerrarán, se mantendrán los empleos y no habrá tampoco privatizaciones. Cuando haya que cerrar algunos astilleros, privatizar otros y generar desempleo en el sector, ¿Se van a conformar los trabajadores con el subsidio? ¿Se van a conformar los pequeños empresarios subsidiarios de los astilleros con el cierre mondo y lirondo? ¿O también será culpa de Aznar, a quien todavía nadie ha pedido perdón por haberlo llamado asesino?
OTR/PRESS
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