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Ibarra y los palmeros
Ramón Pi
09/09/04
Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha entrado en el debate que hemos dado en llamar del "modelo territorial" de España, y lo ha hecho a su modo, como caballo en cacharrería. En un acto público celebrado en "su" Extremadura, arremetió contra los nacionalismos periféricos, contra el PSC y contra Manuel Chaves directa y frontalmente. De los primeros reprochó su independentismo; del segundo, su intento de cambiar la Constitución y su tendencia centrífuga y aprovechona para sacar más dinero. Y como está muy irritado por la invitación de Maragall a Chaves a incorporarse al club de los pedigüeños revisionistas y, sobre todo, por los síntomas que el presidente andaluz da de hacer caso a esos cantos de sirena, le advirtió públicamente: cuando los señores llevan al comedor a los pobres no es para que se sienten a la mesa, sino para que la sirvan, la recojan o se coman las sobras. Y por si no había quedado la cosa clara, puso una metáfora que el sevillano Chaves entendería a la primera: los señoritos llaman a los flamencos no para beber vino fino, sino para que amenicen la fiesta, canten y toquen las palmas al servicio de la diversión de los señoritos.
El discurso ha caído como una bomba dentro del PSOE, porque no sólo es la manifestación de una discrepancia de fondo hacia Rodríguez Zapatero, sino que la crítica se ha extendido al mismísimo presidente del partido. La resonancia del discurso de Chaves se amplifica, además, porque todos saben que el que conecta con la gente, incluidos los votantes del PSOE, en aplastante mayoría, es Rodríguez Ibarra y no la línea oficial, claudicante y rehén del PSC, que a su vez es rehén de los separatistas de ERC. Si hubiera soltado una excentricidad no habría pasado nada. Pero dio en el corazón de una de las equivocaciones más graves del aparato socialista.
La cadena Ser preguntó al extremeño si se refería a Chaves con lo de los palmeros. Lo hizo Iñaki Gabilondo, con un todo muy conminatorio. Ibarra entendió el mensaje, y reculó urgentemente. No, qué va, de ninguna manera. A quien me refería era a los que después de decir que el plan de Maragall es inconstitucional, añaden que si sale adelante ellos se ponen en primera fila con la gorra a pedir; como, por ejemplo, el presidente de Baleares. ¡El palmero resulta que era Jaume Matas, que casualmente es del PP! Ésta es una buena lección para el Partido Popular, que se las prometía tan felices con el choque de trenes socialistas que parecía anunciar Rodríguez Ibarra. El PP ya sabe desde ahora que no puede montar su política de Estado con el auxilio de nadie del PSOE, de nadie, ni de Rodríguez Ibarra, quien, en cuanto ha olfateado el peligro de perder la Moncloa, se ha bajado con entusiasmo los pantalones.
OTR/PRESS
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