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Rivalidad en las ondas
Rosa Villacastín
07/09/2004
El lunes dio comienzo la nueva programación radiofónica. A las seis de la mañana en punto comenzó una temporada que promete emoción, rivalidad, pluralidad y como no, alguna que otra puya entre los budas de la radio que no son otros que Iñaki Gabilondo, Carlos Herrera, Luis del Olmo, Julio César Iglesias y Federico Jiménez Losantos. Cinco periodistas como la copa de un pino que intentarán, cada uno desde pulpito, arrancar a los otros el mayor número posible de oyentes.
Quién se llevará el gato al agua es algo que no sabremos seguramente hasta el final de la temporada puesto que Punto Radio, la emisora del Grupo Vocento, no ha entrado todavía en el EGM y Radio Nacional de España, vuelva tal y como ha prometido su director Pedro Piqueras, para poder competir con las mismas armas que el resto de las emisoras. De manera que nos esperan unos meses en los que lo único que nos queda a quiénes somos amantes de la radio es cambiar de dial cuando algo no nos guste o tenerlo fijo para oír a nuestros favoritos. Cualquier opción es buena porque la radio, al contrario que la televisión, nos permite escuchar las opiniones más variopintas, tener la información al minuto, desde cualquier parte del mundo, mientras vas en el coche, cocinas, escribes un artículo, o bañas al bebé.
Una cosa sí me llama la atención: ¿Por qué esa unanimidad de los directivos a la hora de elegir presentadores? ¿Por qué la mañana está en manos de hombres y las tardes de mujeres? ¿No sería más novedoso e interesante cambiar a Luis del Olmo por Concha García Campoy, o a Julio César Iglesias por Olga Viza, por poner un ejemplo, ahora que está de moda la paridad?
Las periodistas mujeres han demostrado que pueden competir en igualdad de condiciones que los hombres, que pueden ejercer el periodismo con tanta o más seriedad que ellos, por qué no permitirles entonces que accedan a los puestos de dirección o a esas horas en que la mayoría de las oyentes son mujeres.
Pero independientemente de quiénes sean los o las conductoras de los programas, lo importante es el prestigio de que goza la radio, que no la televisión. Seguramente porque a quiénes las dirigen no se les ha ocurrido contratar a un o una cantamañanas con ánimo de escandalizar más que de entretener o informar. OTR/PRESS
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