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El modelo
Antonio Casado
08/09/2004
El “modelo” está en el centro del debate. Si no hablas del modelo estás fuera de juego. No me refiero al de cada ministra en el célebre posado estival frente al templo del poder, que al fin y al cabo puede cambiarse cada día según la meteorología o los usos sociales, sino al ropaje del Estado sin que sobre ni falte tela por ningún lado.
Rajoy acusa a Zapatero de rebuscar innecesariamente en el fondo de armario para calzarle a España un nuevo modelo y Rodríguez Zapatero replica que solo se trata de mejorar el que ya tenemos, bautizado en el 78 como “Estado de las Autonomías” por sus esforzados diseñadores.
Sobre esas dos posiciones, absolutamente previsibles en términos de pugna política entre quien manda y quien aspira a mandar, ha descargado una tormenta de palabras que no refleja, sino todo lo contrario, el grado de coincidencia en lo esencial que acerca más de lo que se da a entender a los interlocutores del encuentro del martes pasado.
Rajoy necesita exagerar sus discrepancias con el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, mirando al tendido. O sea, a su clientela, dispuesta a hacerle la ola en el congreso nacional de su partido tras la firmeza mostrada al salir de su encuentro en Moncloa.
Solo quedan veinte días para el mencionado congreso. Ante la causa electoral del PP malherida en marzo no tocaba que Rajoy pareciera llevarse a partir un piñón con el adversario político o dejarse utilizar como coartada de las aventuras reformadoras del Gobierno socialista.
Llegado el momento se verá que de algún modo Rajoy, en nombre del segundo pilar político del Estado, tendrá que concertarse con el titular del otro en la defensa del modelo de Estado si se ve amenazado por los flancos. El modelo es el mismo para los dos. El que está y seguirá estando en la Constitución. Pero el asunto no figura en la carpeta de los asuntos urgentes. Es importante, clave, prioritario, pero la agenda no apremia todavía. En cambio para Rajoy es urgente, prioritario y apremiante consolidar su liderazgo en el PP y emanciparse de Aznar.
Todo lo cual es compatible con la advertencia al Gobierno de no permitir que se aflojen las costuras en el modelo de Estado que los españoles nos dimos en 1978. Además, eso no sería posible sin el consenso con el PP, cuyos votos son imprescindibles en las llamadas “mayorías cualificadas” del telar parlamentario.
OTR/PRESS |
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