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Primeros pasos del nuevo curso político
José Cavero
06/09/2004
El curso político llegó de lleno y por completo: Ya hemos asistido a los primeros debates presupuestarios y a las primeras peleas por llevarse "la parte del león". Pérez Rubalcaba, tras sus entrevistas con Ezquerra e IU, debería cerrar esta semana el acuerdo con los nacionalistas canarios. Pero suman ya 2.300 millones las demandas presupuestarias que piden los tres partidos que dieron su apoyo a la investidura de Zapatero y que previsiblemente, apoyarán los presupuestos que presente el Gobierno en las Cámaras legislativas, ERC, IU-ICV y CC. También hemos tenido ya las primeras grandes promesas del gobierno sobre esos mismos gastos del Estado y sus prioridades: las pensiones subirán el tres por ciento y las mínimas el doble. El mayor incremento beneficiará a tres millones de pensionistas y costará 400 millones. El presidente ya había hecho anuncios anteriores sobre incrementos particularmente relevantes en Educación, Investigación y Sanidad, como otras prioridades de su política eminentemente social. Zapatero no perdió la oportunidad, en su inicio de curso político, para recordar que su gobierno "es para todas las autonomías, y tengo como prioridad la cohesión de España". Parece una clara advertencia a quienes han pretendido beneficiarse descaradamente, y a cambio del apoyo que prestan a la estabilidad del Gobierno y a la aprobación de los presupuestos, para resolver sus cuentas regionales, es decir, y significativamente, el tripartido catalán y su deuda sanitaria acumulada.
Y este martes regresamos a los trabajos parlamentarios, concretamente, los que interrumpió, por razones vacacionales, la comisión parlamentaria del 11-M. Todo permite suponer que los parlamentarios de esta comisión quieren cerrar ya su tarea, contra una opinión “publicada” muy generalizada y extendida que entiende que la Comisión ha investigado bien poco y aporta casi nada a unos ciudadanos sedientos de mucha más información sobre las circunstancias concretas –quién la preparó, quién la ejecutó, con qué dinero, con qué alianzas e incompetencias contó- la mayor tragedia terrorista que se ha producido en la historia de España. La comisión nació por presiones de la opinión pública, y ha demostrado lo que se temía: que iba a tener escasa capacidad para aportar algo nuevo y diferente a lo que está trasladando al sumario el juez Del Olmo. Incluso se ha quedado muy corta, esta Comisión del Congreso, en reclamar comparecencias que siempre parecieron "de cajón" e inevitables: Aznar, Astarloa, los confidentes policiales... Al evitar esos testimonios, la comisión da la impresión de que hay aspectos de la tragedia que prefiere ignorar. Lo cierto es que la gran confianza deberá seguir puesta en la investigación policial y judicial, incluso partiendo del hecho de que han sido numerosas e importantes las demostraciones de ineficacia, incompetencia profesional, desinformación y falta de coordinación de las fuerzas de seguridad del Estado. Tantas como las demostraciones de imprevisión de los políticos que mandaban a tales fuerzas en la fecha de la tragedia.
OTR/PRESS
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