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Un mundo más seguro
Carlos Carnicero
02/09/2004
La crónica de los horrores del terrorismo necesita cada día más espacio en los periódicos hasta que la inercia de lo cotidiano la vaya envolviendo en el olvido. La nómina de desesperados se extiende por el mundo en un universo de fanáticos que inmolan su propia vida solo con la condición de llevarse al paraíso a todos los que le rodeen en el momento de su último viaje. Contra este exacerbación de arrebatados tan expansiva no valen ni bravatas ni tanques ni ejércitos regulares. Solo serviría la inteligencia. Pero George W. Bush y una enorme masa de votantes norteamericanos no lo creen así y continúan sacando pecho y exhibiendo armamento en una convención republicana en la que las manifestaciones en Nueva York de la norteamericana intelectual y cívica no se considera cosa distinta que una demostración de "maricones y lesbianas" que por supuesto no caben en ese universo republicano.
Las encuesta determinan que la mitad de los norteamericanos inscritos en los registros electorales se sienten a gusto en este hemisferio creado por el presidente más ultra conservador de la historia reciente de los Estados Unidos, que cree en el unilateralismo y en la guerra preventiva como los engranajes de satisfacción de los intereses económicos del entramado financiero industrial que le rodea. La Biblia envuelve el resto de las decisiones en las que se invoca a Dios antes de atacar a los hombres.
Nosotros somos testigos pacientes y distantes de la que nos espera. Nada podemos hacer por influir en que nuestras vidas se desarrollen en un entorno más inteligente y tolerante del que nos amenaza. Tan solo podemos recordar, como consuelo, que el amigo español de George W. Bush ya no ocupa el gobierno de España, con lo que se demuestra que nuestros mecanismos de participación política funcionan, a pesar de que hayan querido sembrar la duda sobre la legitimidad de quienes eligieron a José Luis Rodríguez Zapatero en las últimas elecciones generales.
Lo más penoso es, sin duda, que la gran justificación de toda esta cruzada, la promesa de un mundo más seguro, es solo una broma de mal gusto, porque las bombas en los aviones, las alarmas continuas y los asesinatos de los terroristas siguen una curva ascendente proporcional a las bravatas de los republicanos norteamericanos. Nosotros tenemos que esperar a Noviembre, para ver si son más los norteamericanos que no han perdido la razón.
OTR/PRESS
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