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Desnudos por Barcelona
Rafael Torres
03/09/2004
Hay polémicas absurdas (de hecho, casi todas lo son), pero la que se ha suscitado en Barcelona por unos folletos de propaganda nudista es, probablemente, la más disparatada de todas. Los pasquines, ilustrados con fotos de ciudadanos paseándose por Barcelona como su madre los trajo al mundo, se titulan "Expresarse en desnudez, el derecho individual a la indumentaria libre", lo cual es inobjetable, pero como quiera que en ellos figura el logotipo del Ayuntamiento y que la concejalía de Derechos Civiles ha subvencionado con 600 euros su impresión, la derecha catalana se ha puesto hecha un basilisco ante la perspectiva de que, alentados por la autoridad municipal, los barceloneses dejen de ser textiles en su vida ordinaria y se pongan a exhibir en la vía pública, en virtud de las ventajas de "expresarse en desnudez", sus lorzas, sus michelines, sus lobanillos y sus partes pudentas, o sea, sus parte, si bien se ignora de momento si la ofuscación de CiU y del PP ante la ocurrencia nudista se debe a un prurito estético o por el perjuicio que se puede ocasionar a la industria textil, de honda raigambre en Cataluña como sabe el mundo.
Desnudos perdemos mucho, ciertamente, pero ¿cómo regatear el derecho de los que creen que en pelota viva ganan más que pierden? Seguro que a los nudistas barceloneses, que andan intentando convencer a sus semejantes de las ventajas de ir por la vida con "indumentaria libre", no les hace mucha gracia el vestuario repetitivo, convencional y triste de los políticos de la oposición, pero haciendo gala de un civismo impecable y de una admirable tolerancia, se abstienen de indicarles cómo tienen o no que vestir. Aprendamos los "textiles", pues, de los nudistas, gente pacífica y educada a más no poder, su capacidad de hacer de su piel un sayo e ir a su bola. De lo contrario podría pensarse que les envidiamos, cuando menos, su inocente simplicidad.
OTR/PRESS
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